El libro es nuestro amigo

El libro es nuestro amigo
El libro es nuestro amigo. Cuando un niño o un adolescente leen tiene la posibilidad de asomarse a mundos inusitados

El valor de las letras

Cuando un niño o un adolescente lee, vuela con su imaginación al infinito. Las letras nos hacen cabalgar sobre mundos extraordinarios, ser princesas entre castillos de ensueño, héroes salvadores de la humanidad o alegres saltamontes rodeados de mariposas y ráfagas de brisas primaverales. Podemos elevarnos con la quilla de algún barco pirata, saltar de una nave hacia el espacio sideral o cruzar la puerta de la realidad hacia sitios fantásticos. La literatura es magia para nuestra primera infancia tanto como aventura en la adolescencia o pasión en la juventud. Los cuentos, poemas y relatos son las alas del alma.

¡Como Alicia en el País de las Maravillas...pasemos juntos del otro lado!


Any Carmona

miércoles, 5 de mayo de 2010

I - MIRIAM * 1949 - 1953


Ese día se despertó muy afiebrada. El médico le había recetado reposo y tomar regularmente un asqueroso jarabe para la tos y aspirinas para bajar la fiebre. La gripe no cedía y Miriam sabía que ese domingo tenía el deber de ir a votar. Por primera vez votaban las mujeres en la Argentina y ella no sería quien justamente iba a perderse semejante hito histórico. Su madre estaba trajinando en la cocina desde temprano, le había traído leche caliente con miel como a las siete de la mañana pero ya le había aclarado que de ningún modo permitiría que se levantara el día de hoy…y mucho menos para ir a votar.
- De ninguna manera, Nena, total nosotras recién ahora podemos ir y no faltarán oportunidades para seguir haciéndolo. Como es obligatorio deberás hacer luego una exposición en la policía, con el certificado médico en la mano, para que te justifiquen.
- Pero yo quiero votar ya tengo veintidós años y quiero darles mi voto a Perón y Evita. Si no fuera por ella, hoy aún las mujeres estaríamos imposibilitadas de ejercer nuestros derechos. ¡Mamá, es muy importante que vaya! Por favor, quiero levantarme para ir a votar.
- Muy bien, le preguntaré a tu padre si puede llevarte, tal vez en un taxi...
Su padre, Leonardo Dávalos, era un morocho, medio pelado, alto, delgado y de gruesos lentes, trabajaba como Director en una escuela del pueblo, un pujante poblado de la provincia de Catamarca llamado Tinogasta. Enclavado en una zona vitivinícola por excelencia, albergaba pobladores de raigambre criolla, conservadores y fieles católicos, en su mayoría.
- Vestite Miriam, ponete pantalón y suéter, quiero que salgas bien abrigada, que papá te envolverá en una frazada y te llevará a votar en el coche de nuestro buen vecino Don Diógenes Luna – dijo Lucía a su hija mientras le ponía una mano en la frente – Fiebre no hay más, aprovechemos ahora que estás mejor. Vayan ustedes que yo votaré más tarde. No puedo creer que ahora nosotras también podamos hacerlo…
Desde comienzos de siglo las mujeres habían pugnado por obtener el voto tanto desde el Partido Socialista como desde organizaciones feministas y sufragistas de corte internacional. Largas luchas de mujeres de todas las tendencias políticas habían sido coronadas por el accionar de Eva Perón y la Rama Femenina del Partido Peronista que se encontraba en el poder desde hacía más de un lustro. En la Argentina los hombres votaban en elecciones libres y democráticas desde la Ley Sáenz Peña promulgada en 1912 y si bien las mujeres ya lo habían hecho en votaciones de nivel municipal y provincial, ahora les tocaba el turno de hacerlo a nivel nacional y en un plano de igualdad con el varón.
Miriam estaba muy emocionada. Desde hacía varios meses se estaba preparando para esta ocasión. En la oficina les había anunciado a todos que votaría por Juan Perón. Pensaba que tenía la obligación de apoyarlo por todo lo que él le había dado a su familia y con mayor razón ahora que su mujer se encontraba tan enferma. Evita, la protectora de los humildes, estaba en cama y desde allí emitiría su voto…seguro se mejoraría si él ganaba las elecciones – “¡Pobre santa, tan joven y tan mal que está, tanto como para no haber podido compartir con su marido la fórmula presidencial! Les daré mi voto…”- Pensó Miriam al entrar a sufragar.
Llegó en brazos de su padre al cuarto oscuro en la escuela Sarmiento, cerca de su casa y por estar enferma, la dejaron entrar primera, sin hacer la fila. Fue un gran acontecimiento en la vida de Miriam que recordó como en un sueño tantos días de lucha y militancia política junto a las chicas, sus compañeras, “las descamisadas”. Veía las caras de los pobres, los débiles, los desamparados… y sus sonrisas al recibir la ayuda… Tantas cosas fuertes habían pasado, que su recuerdo le hacía sentir ganas de llorar…


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Dos años atrás, hacia fines del año 1949 y con veinte años recién cumplidos, Miriam decidió viajar a Buenos Aires en búsqueda de una mejor formación académica que la que le podía brindar su pueblo. Quería ser secretaria ejecutiva y trabajar en alguna oficina o negocio importante de la gran ciudad. No muy alta, delgada y de piel trigueña, sus cabellos color castaño claro, contrastaban muy bien con su atuendo gris. Llegó a la Estación de Retiro del Ferrocarril Belgrano con su valija de cuero, su tapado de modernas hombreras ceñido al cuerpo y su sombrerito de ala corta medio caído sobre la ceja izquierda, esperando que alguien le indicara dónde quedaba el Hogar de la Empleada de la Fundación Eva Perón, recientemente inaugurado, donde ya le habían reservado un lugar. El hombre que atendía el puesto de diarios a la entrada de la estación, le indicó que en la Avda. de Mayo 869, se encontraba el imponente edificio. Salió rápidamente en un estado de total asombro teñido de miedo, ante la bulliciosa ciudad que se extendía frente a ella para buscar algún medio de transporte que la acercara. “Un taxi será lo mejor,  podré llegar justo hasta la puerta y a la hora indicada”.
Buenos Aires la recibió mejor de lo que había pensado. Sus temores se disiparon y pasados unos días logró concurrir a una escuela de Secretariado Comercial y luego emplearse como oficinista en Nestlé, una importante fábrica de productos alimenticios, para desarrollar más tarde una labor de secretaria totalmente profesional.
Sus aspiraciones e ideales no quedaron ahí sino que instó a su madre para que le escribiera a Evita pidiéndole una máquina de coser con la que poder dedicarse a una tarea lucrativa, cosiendo para las señoras del pueblo. Pero al tener poca fe de que la carta llegara a manos de la esposa del presidente, su madre, Lucía, se negó a mandarla por lo que fue Miriam quien se animó a escribirla yentregarla directamente en manos de uno de los secretarios de la Primera Dama.


“Estimada Señora “Abanderada de los Humildes”:
Pertenezco a una familia del Interior de nuestro país donde lamentablemente no abundan todavía las fuentes de trabajo. Mi madre sabe coser muy bien y lo hace desde siempre para la familia. Mi padre es Director de la Escuela Primaria que él mismo fundó y que lleva su nombre. Somos una familia humilde pero trabajadora y con gran fe y admiración por la obra social que Usted está realizando en todo el país. El Policlínico que se ha inaugurado en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca es un modelo de salud pública y da solución a todos los habitantes de nuestra provincia, necesitados de buena atención médica.
A través de esta humilde carta me permito solicitarle, querida Señora, otorgue a esta “descamisada” del pueblo de Tinogasta, una máquina de coser para mi virtuosa madre, ya que me he enterado que se encuentra regalando estos valiosos elementos a través de la digna Fundación que lleva su nombre.
Por otra parte, le comento que me encuentro alojada en el Hogar de la Empleada recientemente fundado por Usted y que no tengo palabras para agradecer tanta hospitalidad. ¡Gracias, gracias, gracias! Es todo lo que puedo decirle ante tanto amor vivenciado.
Sin más y a la espera de una respuesta favorable, la saluda su gran admiradora: Miriam Argentina Dávalos”

Luego de entregada esta carta, Miriam se afilió al Sindicato de Empleados de la Industria Alimenticia y trabajó con fervor para todos sus compañeros y dentro de la agrupación de mujeres peronistas que ayudaban a Evita con su acción social. Supo lo que era asistir a los comedores infantiles, a los hogares de ancianos y a los múltiples pedidos de ayuda que llegaban desde las provincias. Todo un desafío para una pobre muchacha provinciana que solo albergaba sueños en el corazón.
Una tarde se encontraba sentada en su escritorio del sindicato cuando la vio entrar. Rubia, imponente, con el pelo tirante hacia atrás y un pañuelo elegantemente acomodado en la nuca, vistiendo un sencillo traje de algodón celeste. Se paró frente a ella.
- ¿Vos sos Miriam Dávalos no? Decime, che ¿es verdad que tu mamá es tan buena modista?
- Sí, claro, es excelente.
- Muy bien, espero que le haga provecho la máquina de coser que mandé hoy para Tinogasta y que cuando pueda me regale aunque más no sea un pañuelito bordado por esa estupenda máquina. Tomá, acá está el comprobante de envío, no lo pierdas y acá está también la carta que me mandaste y otra en respuesta que escribí para tu mamá. – Y le dio la mano con una amplia sonrisa en su boca pintada de color rojo sangre.
Miriam quedó helada y no atinó siquiera a darle un beso como le hubiera gustado, sino que la miró alejarse hacia el interior del local. Miró la carta, y sacando una margarita del florero que tenía en su escritorio, la envolvió con la misma y se la puso en el corpiño, debajo de la blusa. “La guardo acá, muy cerca de mi corazón”, pensó la muchacha, sin dar crédito a lo que acababa de vivir.
Demás está decir que su madre, Lucía, recibió la maquina de coser, su padre fue invitado a participar en el Partido Peronista de la Provincia de Catamarca y Miriam regresó a su pueblo con un título de Secretaria Ejecutiva a trabajar en la Casa de ramos generales más importante de Tinogasta.

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Ese día de las Elecciones Nacionales, domingo 11 de Noviembre de 1951, Miriam tenía mucho que recordar de los últimos dos años. Sobre la contestación que recibiera a su carta en forma personal de la misma Eva Perón y su suave apretón de manos, sobre su sueño hecho realidad, de ver a la clase trabajadora un poco más protegida, sobre cómo su mamá recibió una máquina de coser del gobierno con una esquela escrita de puño y letra de Evita y muchas cosas más.
Ahora les tocaba a ellas, las mujeres argentinas que ayudarían a los hombres a elegir a sus representantes. La hora de participar había llegado.
Juan Domingo Perón ganó las elecciones y se preparó para ejercer un segundo mandato como Presidente de los argentinos pero Eva Duarte de Perón murió irremediablemente a mediados del año siguiente, consumida por un cáncer de útero. Cuando Miriam y Lucía escucharon la noticia por la radio no podían creerlo. ¡Si parecía inmortal ese ángel que tanto las había ayudado!…Se abrazaron y lloraron a la vez que escuchaban las sirenas de los Bomberos Voluntarios de Tinogasta que tocaban sin parar.
- Tengo tantas ganas de ir a Buenos Aires, cómo me gustaría decirle el último adiós, la recuerdo parada frente a mí, pálida y tan alegre. Ya se la veía demacrada– Dijo Miriam a su madre.
- Sí, pero ahora es imposible, estamos tan lejos…Desde aquí rezaremos por ella y seguro que estará sabiendo de nuestra pena y nos mirará desde el Cielo. Seguiremos los acontecimientos por la radio y luego en el noticiero del cine.
En el pueblo hubo muchos actos, la gente no se quería conformar. Su protectora, su gran benefactora ya no estaría con ellos. Una gran multitud de personas de clase baja y media baja había quedado sin su “madre espiritual”. Vistieron de luto por dos meses, hasta que la pena de disipó un poco y luego siguieron llevando el brazalete negro por mucho tiempo más.

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Pasó ese invierno sin pena ni gloria en Tinogasta, llamado también “pueblo del encuentro” porque allí se encuentran cuatro ríos provenientes de los cuatro puntos cardinales. La sierra Zapata enclavada en la Cordillera de los Andes parecía custodiar fabulosamente la vida de sus habitantes, descendientes de diaguitas e incas, de españoles y árabes. Miriam seguía su vida trabajando eficientemente en Grandes Tiendas San Juan y la Escuela Leonardo Dávalos continuaba formando pequeños futuros sabios bajo la dirección del padre de Miriam y fundador del establecimiento. Pero en la casa de los Dávalos, ubicada justo frente a la Plaza 25 de Mayo, sucedían cosas extrañas.
Una tarde en que Lucía se encontraba inclinada sobre su máquina de coser Singer, bordando un mantel con amorosos ramilletes de rosas rojas, sintió el golpeteo de la puerta de entrada. Al acudir a atender, cual no fue su sorpresa al encontrarse con su vecino el Sr. Diógenes Luna que la venía a visitar trayéndole unos trajes para agrandar y alargar las mangas.
- Aumenté algunos kilos y si sos tan amable, me gustaría que me los soltaras un poco de contorno y de largo de mangas.
- Cómo no, Diógenes, a ver, probátelos uno por uno que voy tomando las medidas, ahí está el probador.
- Estás muy linda hoy, con tu cabello largo tomado con ese moño.
- ¿Linda? ¿Es que no ves las hebras de canas blancas que tengo acá?
- Sí, pero agregan un aire interesante a tu linda carita – Le tomó la mano de manera imprevista.
La mamá de Miriam se miró en el espejo alargado que tenía para sus clientas y vio su figura regordeta y especialmente, su cara de mujer cincuentona pero aún joven y bella. Largos cabellos castaños atados en la nuca, grandes ojos oscuros enmarcados por pestañas arqueadas y una nariz pequeña y respingada. Él tenía razón, estaba linda.
- No empieces Diógenes, que aquello pasó hace ya demasiados años. ¡Sos tan atrevido! ¿Olvidás que soy una mujer casada y mamá de varios niños? ¡Rosita, hacete unos mates para servir a Don Luna! – Ordenó rápidamente a su criada y ayudante.
- No lo olvido y cada día es un suplicio para mí cuando te veo... y es así desde hace toda una vida…Pero…contame, ¿estás bien, sos feliz?...Porque tu cara parece un tanto triste…
- No estoy triste, es que tengo demasiado trabajo…Estoy bien, muy bien…Ya está, ya tomé con alfileres los ruedos y marqué donde debe ir ahora la costura. Sacátelo ya. Estarán listos para el viernes por la tarde, como a las seis.


Se despidieron con un beso en la mejilla pero Lucía bajó la mirada y se quedó callada ante la caricia que su vecino y antiguo novio, le hizo en la cabeza.
A ese viernes le sucedieron muchos otros viernes y martes y jueves y ya Lucía no sabía qué más podía arreglarle o coserle a Diógenes. Le hizo casi todo un guarda-ropas nuevo con la excusa de que había engordado. Miriam comenzaba a preocuparse por la presencia del vecino tomando mate con su madre, cada vez que ella llegaba del trabajo.
Finalmente fue Leonardo, su padre, quien decidió hablar con su esposa sobre el hecho, un día domingo en que estaban solos.
- Decime Luci ¿no era que vos cosías ropa para mujeres solamente?
- Sí, ¿por qué?
- Por nuestro vecino Don Diógenes, que ahora es tu mejor cliente…
- ¿Por qué, te molesta?
- No es que me moleste o que desconfíe de vos… pero veo la forma en que te mira…
- Ya terminé de coserle, si querés mando a Rosa que le diga que no hago más ropa de hombre.
- Sí, me gustaría…Vení dame un beso.
- Pensé que nunca me lo pedirías.
- ¿Al beso?
- No, que deje de coserle a Diógenes, ya me tenía cansada. Siempre pidiéndome que le cebe mate. Yo te cebo mate solo a vos, mi Viejo, solo a vos. Le dio un beso en los labios y se sentó en sus rodillas haciéndole arrumacos.
Cuando Miriam regresó de su trabajo esa tarde encontró a sus padres en esa hermosa escena y pudo por fin respirar profundo.
Así estaban las cosas en Tinogasta en ese verano del año 1953. Su padre se compró un brilloso y enorme auto colorado, un Ford Customline ’53 de cierto aire aerodinámico que les dio mucho estatus en el pueblo. Todas las noches la familia Dávalos giraba en torno a la plaza durante más de media hora, en su coche nuevo, mirando y saludando a la gente.
Miriam estaba feliz, solo le faltaba casarse, formar una familia y tener una casa llena de modernos artefactos eléctricos para el hogar. No se imaginaba lo que los años ’60 les depararían a las mujeres seudo-liberadas de Argentina. Ni lo que sucedería luego en los ’70 y los ’80. Por ahora solo la utopía de “Argentina Potencia” era lo que primaba y en esta se encontraba inmersa…aunque no por mucho tiempo.

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