El libro es nuestro amigo

El libro es nuestro amigo
El libro es nuestro amigo. Cuando un niño o un adolescente leen tiene la posibilidad de asomarse a mundos inusitados

El valor de las letras

Cuando un niño o un adolescente lee, vuela con su imaginación al infinito. Las letras nos hacen cabalgar sobre mundos extraordinarios, ser princesas entre castillos de ensueño, héroes salvadores de la humanidad o alegres saltamontes rodeados de mariposas y ráfagas de brisas primaverales. Podemos elevarnos con la quilla de algún barco pirata, saltar de una nave hacia el espacio sideral o cruzar la puerta de la realidad hacia sitios fantásticos. La literatura es magia para nuestra primera infancia tanto como aventura en la adolescencia o pasión en la juventud. Los cuentos, poemas y relatos son las alas del alma.

¡Como Alicia en el País de las Maravillas...pasemos juntos del otro lado!


Any Carmona

lunes, 10 de mayo de 2010

III - EULALIA * 1900 -1905

El comienzo de siglo vio a Eulalia Morelli recién recibida de Maestra Normal. En el barrio de La Boca, una mayoría de inmigrantes, obreros y artesanos convivía entre pintorescas, bulliciosas y comerciales calles de una ciudad que crecía a grandes pasos. Ella amaba La Boca, el barrio que la vio crecer...Esa mañana de Abril el cielo estaba celeste grisáceo y un grueso colchón de hojas amarillas cubría el suelo del patio. La joven bajó las escaleras rápidamente mientras tarareaba la melodía de la Marsellesa, su canción predilecta.
Se sentía radiante, plena de vitalidad y mientras se miraba de frente y perfil en todos los vidrios y espejos de la casa, pensaba cuánto haría por los niños, cómo los ayudaría a crecer en sus ideas y aspiraciones hasta lograr que todos sus alumnos fueran cúmulos de sabiduría.

Tomó su abrigo de lanilla azul, su sombrero de terciopelo y sus guantes. Se arregló cuidadosamente el pelo y con su mirada recorrió el lugar hasta estar realmente segura de que podía salir sin que nadie la viera, hacia el mundo exterior. Ese mundo que la esperaba, en el que podría volcar sus conocimientos y su esfuerzo.
Miró hacia afuera y vio al fondo de la calle, el Río de la Plata y más acá el puerto donde ya los marineros comenzaban la jornada. Eran las siete de la mañana.
- Buenos días Señora Magnasco.
- Buenos días Eulalia. Hoy te has levantado temprano. ¿Es por una entrevista de aquellas? - Dijo su vecina.
- No, voy al Centro a hacer compras pues debo lucir una blusa nueva en el té de esta tarde, que hay invitados.
- ¿Y vas sola al Centro?
- Claro que no, mi amigo Octavio me acompaña. Casualmente ahí viene...- Se acercó trotando un joven alto y delgado, de cabellos oscuros y lacios quien se frenó de golpe al ver a la muchacha parada bajo la ventana.
- Hola Eulalia ¿ya estás lista?
- Si, vamos que el coche nos espera.
Caminaron juntos, ella del lado de la pared como correspondía a una dama, hasta llegar a la esquina, donde subieron a un mateo de brillantes herrajes dorados y capota negra. Luego de transitar largas y poceadas calles de tierra, bajaron en Avenida de Mayo y ascendieron por Corrientes Angosta por la que recorrieron numerosos almacenes y comercios de hermosas vidrieras que exibían todo tipo de prendas. Compraron en Gath y Chávez y finalmente pararon en La Esmeralda, la confitería que por esa época se había puesto de moda, a tomar una limonada fresca, antes de regresar.
- Octavio, te estoy muy agradecida por haberme acompañado. Hoy más que nunca deseo ir a la moda, que viene de Europa y es tan fina - dijo Eulalia poniéndose frente a su amigo, cortándole el paso - Cuando trabaje como maestra podré comprarme con mi sueldo todo lo que quiera. ¿No pensás Octavio que ya soy toda una mujer que hasta título tiene, para manejarme con libertad?
Octavio la miró muy serio y con su mejor cara de hombre controlador, le dijo:
- Mirá qué tenés ideas raras. Libertad, moda, educación. Harías bien en buscar un novio, algún “buen partido” que te llevara a ser alguien respetable en la vida.
- Vos no me entendés, los hombres no entienden a las mujeres, salvo los del Partido, claro, que tienen ideas diferentes...
- El Partido...¿qué Partido? ¿ A qué te referís? - le preguntó su amigo mientras levantaba la voz y la señalaba con su dedo índice.
- El Partido Socialista, al que estoy concurriendo dos veces por semana. Pero no digas nada y menos a mis padres. Si lo hacés...te quitaré mi simpatía!
Pero él no parecía entender razones, comenzó a amenazarla con denunciar sus actividades clandestinas lo antes posible.
Los ojos de Eulalia se fueron nublando lentamente hasta que la figura de la cara de Octavio se le hizo imperceptible. Necesitó ponerse inmediatamente de pie y caminar hacia la calle. Caminó y caminó sin sentido alguno hasta que los pies le dolieron... Y fue justo cuando se paraba bajo un árbol a tomar aliento, cuando levantó la vista y vio en la vereda de enfrente un cartel grande que decía: “Partido Socialista”. Había llegado al lugar donde quería estar.
Abrió la puerta y miró hacia el interior del local, parecía vacío...
- Hola! ¿Hay alguien aquí? - dijo esperando respuesta.
Desde el fondo del lugar le contestó una voz bastante grave y con acento extranjero.
- Estoy yo, el Sueco, pase...
- Soy Eulalia Magdalena Morelli, mucho gusto, solo venía a trabajar un rato en la biblioteca.
- Por mi no hay problemas...yo también trabajo aquí unos días a la semana, soy el imprentero, organizo los documentos, las ideas de todos y las hago imprimir. Sacamos un periódico...
- Entonces es periodista...conozco el tema, yo soy la bibliotecaria. Bueno en realidad soy Maestra Normal recién recibida pero no consigo trabajo.
Mientras hablaba sacaba libros de los estantes, parecía buscar algo. Hacía unos días había llegado a sus manos un libro de Federico Engels y Carlos Marx que relataba la situación de los obreros de las fábricas, minas y talleres en Europa. El trabajo de mujeres y niños y la explotación del hombre por el hombre.
- Acá está... “El Capital”. Estoy haciendo una síntesis. Estoy profundamente conmovida...
Pero no pudo terminar la frase ya que él le tapó apenas la boca con sus dedos para acallarla.
- Lo se, lo se, las ideas son fuertes y a uno le dan ganas de hacer cosas, de cambiar todas las estructuras...¿No es así?
- Ya lo creo, sueño con viajar a Europa, trabajar, luchar para defender los derechos de los pobres y de tantas mujeres sometidas injustamente. Se que puedo hacer mucho, lo siento en mi corazón. Y aquí... aquí también hay mucho por hacer ...
Se miraron a los ojos como hipnotizados. Sentían las mismas cosas…
Nunca habló en su casa del rubio extranjero que le hacía aparecer mariposas en el estómago.
Volvió cada día esos primeros años, sin importarle el polvo ni el cansancio. Se quedaba hasta tarde leyendo ensayos y textos que formaron en ella una nueva mentalidad. Pensaba en la Libertad, ese concepto complejo que completaba su alma y todo su ser. Desde sus pies hasta su pecho se enraizó en su delicada cabeza de joven apasionada.
Sentada junto a la salamandra, tomaba de la mano a Rolf y le leía pasajes de libros extraordinarios. Se aferraba a su cuello mientras inventaba canciones que luego escribía y tocaba en el piano. Pasaban horas hermosas después del duro trabajo cotidiano.
La melancólica Eulalia ya era otra. Se había ido alejando todo ese tiempo de sus familiares y amigos, hasta tal punto que casi no la reconocían. Indudablemente la niña había quedado atrás y dado paso a una verdadera mujer.

- Buenos días Señora Magnasco...¿ cómo está Usted? No debe trabajar tanto, no deje que la exploten Señora, las mujeres tenemos derechos...Decía a su amiga y vecina antes de salir de compras.
- ¿Sales sola querida? Recuerda que en las calles hay mucho peligro para una niña.
- No se preocupe, ya no soy una niña…¡soy una mujer independiente!
- ¡Pero Eulalia!...
La maestra se alejaba a paso rápido con la inquietud de ver a su amado lo más pronto posible.
- ¿Qué le pasa a esta muchacha? Ya no es la misma... - decían quiénes más la conocían.
Afuera pasaban muchas cosas. Los Radicales liderados por Hipólito Yrigoyen estaban muy convulsionados y siempre querían hacer la revolución que tiraría abajo a los monstruos del Réginen, como se los llamaba popularmente. Un régimen de corte aristocrático que estaba en el poder desde la primera Presidencia del Gral. Julio A. Roca, para seguirle, luego, otros de su misma línea política. La gente estaba muy cansada después de veinte años de injusticias. Las revueltas sociales con huelgas permanentes, daban cuenta de que era necesario hacer un cambio. Miles de inmigrantes habían llegado al país, al igual que los Morelli, y sosteniendo diversas ideologías, querían un sistema más democrático e igualitario.
Los militantes del Partido Socialista sabían que algo sucedería, les habían llegado noticias de la preparación de otra revuelta.
- Tengo miedo, Roca terminó su segundo mandato, otro año ha comenzado y nada respecto a una revolución…- Dijo Eulalia mientras pasaba una carta a máquina para el Diputado Alfredo Palacios.
del ejército, lo cual es muy difícil – Le contestó Alfredo, muy serio, alisándose el bigote mostachole.

- Vos quedate tranquila que algo nuevo y muy bueno sucederá.
Ni bien dijo estas palabras se sintió una fuerte explosión en el portón del frente del local. Mampostería, trozos de madera, papeles y polvo, volaron por los aires. El flamante diputado empujó bruscamente la cabeza de Eulalia debajo de un escritorio, obligándola a agacharse. Inmediatamente se acurrucaron debajo de este, hasta que los ruidos se aquietaron.
- Te dije que no faltaba mucho, ahora sí que podemos tener esperanzas en que Quintana caiga junto con todos sus secuaces.
- Fue una bomba en la acera de enfrente, oigo tiros en la Comisaría, la calle es un caos. Debemos quedarnos aquí – Ordenó Eulalia muy asustada.
- Muy bien Eulalia, vos quedate que yo voy a ver si todos están bien dentro del edificio.
Partió el diputado socialista, rápidamente a ver qué sucedía, regresando al cabo de una hora con novedades.
- Los radicales tomaron varias comisarías. Hay planes de hacer caer al gobierno. En Córdoba y Mendoza también están luchando.
- ¡Llegó nuestra hora, Alfredo, llegó la hora del pueblo! – Gritó Rolf muy emocionado, desde el fondo del pasillo.
- Jamás he abalado la violencia y desde este lugar repudiamos enfáticamente un movimiento que en sí mismo encierra ansias de poder e imposibilidad de disputarse el mismo donde debe ser:…¡En las urnas!

Pero la hora de los pobres y desposeídos aún no llegaba. La revolución radical del 4 de Febrero de 1905 fue sofocada en todo el país y los cabecillas, hechos prisioneros. Eulalia lloraba…Sintió un fuerte dolor en el pecho pero pugnó por mantener la fortaleza.
Pasó el tiempo y volvió otro otoño. Otra vez los amarillos árboles se mecían dejando caer
sus hojas frente a la escalera del patio.
Eulalia se encontraba inquieta esa tarde. Parada ante la ventana, miraba las hojas de los plátanos en la vereda. Frágiles y danzarinas hojas que se mecían y caían una a una, llevadas por la brisa otoñal, le hablaban del paso del tiempo. Justo ahora se daba cuenta de la llegada de la nueva estación...
- ¿Qué hago aquí sentada mientras tanta gente me necesita en todas partes? - Se preguntaba y su intuición le decía que ese día haría algo poco común.
Tomó su tapado marrón, su boina de fieltro, un bolso con algunas pertenencias, y salió.
- ¿Dónde vas hija? -Le había dicho su madre que como siempre, no comprendía las actitudes de la nueva Eulalia.
- Voy al Partido, Madrecita y no se si vuelvo - Murmuró corriendo para buscar a Rolf, su sueco tipógrafo que finalmente y de tanto oírla cantar canciones de protesta y libertad, se enamoró de ella.
- Llevame lejos, en búsqueda de justicia. Quiero viajar, ser alguien, ayudar a los demás - Le había dicho mientras él la levantaba por la cintura, haciéndola dar vueltas por el aire.
Nunca más volvió a ver a su amigo Octavio, nunca más regresó a su casa de La Boca, que vio diminuta cuando se alejaba en el gran vapor hacia su nueva vida mientras pensaba en su mamá, María, una italiana de hierro, que ahora debía separarse de sus dos hijas: Elvira al convento y ella a Europa...”¡ Pobre Madrecita… pero es la ley de la vida!”.

Los primeros años del siglo XX habían sido memorables para la hija menor de los Morelli, Eulalia Catalina. Quién lo diría, de La Boca a Estocolmo, una Maestra Normal.
(Continúa más atrás)

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