El libro es nuestro amigo

El libro es nuestro amigo
El libro es nuestro amigo. Cuando un niño o un adolescente leen tiene la posibilidad de asomarse a mundos inusitados

El valor de las letras

Cuando un niño o un adolescente lee, vuela con su imaginación al infinito. Las letras nos hacen cabalgar sobre mundos extraordinarios, ser princesas entre castillos de ensueño, héroes salvadores de la humanidad o alegres saltamontes rodeados de mariposas y ráfagas de brisas primaverales. Podemos elevarnos con la quilla de algún barco pirata, saltar de una nave hacia el espacio sideral o cruzar la puerta de la realidad hacia sitios fantásticos. La literatura es magia para nuestra primera infancia tanto como aventura en la adolescencia o pasión en la juventud. Los cuentos, poemas y relatos son las alas del alma.

¡Como Alicia en el País de las Maravillas...pasemos juntos del otro lado!


Any Carmona

viernes, 7 de mayo de 2010

IV - CAMILA * 1908 - 1920

Cuando el portero Don Benito abrió la gran puerta de hierro para dejar salir a Pedro, él supo que tenía toda una vida por delante. Los tiempos habían cambiado. Tras los muros del Colegio Nacional, la vida real se veía lejana. Ahora comenzaba el desafío de resolver su futuro. Su madre lo esperaba parada en la vereda de enfrente, cruzando la calle Bolívar. La sonrisa que mostraba en sus labios y un saludo con la mano izquierda, le dieron la seguridad de que todo estaba bien. Ya la conocía…
- Bienvenido al mundo de los adultos querido hijo. Te bendigo con alegría y buenos augurios para la nueva vida que emprenderás- Dijo Beatrice haciendo una señal de la cruz en la frente de su hijo – ¿No saludas a tu prima Liliana?...¿No la recuerdas? – Agregó mientras señalaba a la muchacha que estaba tomada de su brazo derecho y sostenía una sombrilla que las protegía del sol
- ¡Lili, qué grande estás, chiquita!...¿Cómo está tu padre, el Tío Pedro?
- Él está bien, Primo. Muy ansioso de ver cómo lo secundas en su negocio.
La joven era alta, delgada y de tez trigueña. Llevaba una pollera color ciruela y una blusa celeste llena de puntillas que se mezclaban con sus bucles castaños en cascada sobre los hombros. Sonreía tímidamente ante la llegada de su primo.
- Pues yo estoy ansioso por saber qué pasará con mi vida de ahora en más. Debo pensar muy bien antes de actuar y estar seguro antes de elegir. ¿Qué planes tienes para mí, Madre?
Caminaron tomados del brazo por la Avenida de Mayo y llegaron a la casa de la familia en pocos minutos.
- Los planes que tengo son en primer lugar preguntarte qué quieres hacer tú: ¿Viajar por un año para decidir qué carrera hacer? ¿Estudiar Abogacía o Medicina en la Universidad o simplemente dedicarte a los negocios? El Tío Pedro tiene una propuesta para hacerte.
- No lo se Madre. Por ahora solo quiero comer. ¡Mi estómago grita de dolor!
Rieron los tres, penetrando en el interior de la vivienda donde ya los estaban esperando para servir el almuerzo. Se propusieron no pensar en nada hasta que Pedro descansara al menos un par de días y luego sí, ponerse a diagramar el futuro del joven Bachiller.
Pedro subió a su habitación, que se encontraba tal cómo la había dejado en su última salida del colegio. Todo en orden. En el centro, la gran cama de bronce con colcha de parches multicolores. Bajo la ventana, la repisa que contenía su colección de novelas y libros filosofales ávidamente leídos durante sus años de estudiante. En el rincón, el violín heredado de su madre y sobre la mesita de escribir, un ramo de flores que había colocado Camila, la sirvienta.
“Todo sigue igual, pero yo no soy el mismo “. Pensó Pedro que cada vez sentía mayor sueño y necesidad de dormir una siesta. “Primero bajaré a comer y luego me tomaré la siesta más larga de mi vida”. Se dijo mientras cerraba la puerta dejando detrás un pasado de niñez, para dar apertura a sus días como hombre.
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Liliana estaba pasando un tiempo en la ciudad de Buenos Aires con la Tía Beatrice. Su padre, el hermano de Beatrice, le había recomendado fuertemente que cuidara bien de su primo que recién salía del internado. Debía descansar y disfrutar hasta pasado ese verano, momento en el cual debería iniciar sus obligaciones dentro del negocio familiar: un almacén de ramos generales instalado en la ciudad cercana de La Plata. Ella se sentía responsable de Pedro. Había hecho poner flores en su cuarto y preparar las masitas con pasas que tanto le gustaban, más una serie de delicias para esos días venideros. Quería verlo engordar y disfrutar de la comida casera.
Estaba segura de que sus padres habían urdido un plan secreto para casarla con su primo. Por eso la habían hecho venir a Buenos Aires justo ahora. Sabía que una mujer tenía que decidirse alguna vez por un hombre que la llevara al altar y le diera hijos que perduraran el apellido pero, a decir verdad, no le interesaba para nada el amor, ni su primo ni nada que tuviera que ver con el matrimonio. Solo hacía lo que se esperaba de ella. Lo que nadie sabía era que en realidad tenía ojos para un solo ser dentro de ese hogar: Camila, la criada. La veía andar cada mañana por la casa, ocupándose de todo. Juntar la ropa y llevarla al lavadero, arreglar los cuartos y la sala. Luego, ayudar a la cocinera y a la lavandera. Arreglar los canteros y cortar flores. Y siempre lo hacía cantando canciones gallegas, alegre y vivaz como la vida misma. ¡Cómo la envidiaba y a la vez la adoraba! Con su belleza, sus cabellos rubios y su “desparpajo”. No estaba atada a nada. No como ella que debía ser tal cual esperaban sus padres, tíos y vecinos de la Higth society… Ni bien se levantaba llamaba a Camila para que le prepare algo de desayuno, tratándola como lo haría una hermana o una amiga.
- Hola Camila, ¿cómo has dormido? Se te ve muy bien, sin ojeras y con la piel fresca como un pétalo de rosa.
- Buen día, Señorita. Es que me lavo con agua de lluvia bien fría... Usted debería hacerlo…¿Quiere que le de de mi agua?
- Aunque lo hiciera, nunca tendría tu piel…Prepárame algo suave para desayunar: tostadas con huevos tibios y una porción de esa grandiosa tarta de duraznos que has preparado. ¡Nadie cocina como tú!
Camila se sonrojaba ante los elogios de la Niña Liliana que nunca dejaba de mirarla…
- Ven, Camila, dime si te gusta este vestido que me puse hoy, dime…¿es este color tostado pálido bueno para mi piel trigueña?...¿no me hace muy deslucida?...Tú siempre llevas rojo o… verde o… azul…los colores que contrastan con tu pelo…Eres tan bella…Dime… ¿qué color debo llevar yo?
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Pasaron los días y al fin Pedro pudo estar a solas con Camila, algo que había querido hacer, sin lograrlo, desde que llegó del colegio. Esa mañana cuando ella le llevó el café a su cuarto, supo que era el momento adecuado para hablarle.
- Ahora sí, Camila, podemos charlar sin tapujos. Al fin estamos solos, querida. Ven siéntate aquí en la silla, junto a mi cama mientras termino el café – Dijo Pedro mientras tomaba a la sirvienta por la muñeca obligándola a sentarse junto a él.
- Pero… debo hacer muchas cosas, estoy muy ocupada.
- Solo un momento, por favor. No hemos podido hablar en todos estos días –
- Muy bien. Pero no empieces con tus cosas de nuevo.
- ¿Cosas… qué cosas? ¿Que no te diga que te extraño, que te quiero más que a mi vida?...¿Que renuncie a esto?...¿Que deje de mirarte, de ver tus cabellos al viento cuando cuelgas la ropa o tu cuerpo contornearse cuando trabajas o tus encendidos ojos azules?...¿O que deje de escuchar tu voz cuando cantas A Regueifa… ¡A miña casa non quero que veñas!... ¡Eres tan linda! – seguía Pedro - ...¿Qué quieres de mí si no he pensado en otra cosa todo este año más que en verte de nuevo?
- Es que no podemos Pedrito, no podemos “meu amor”, esto no pue…
Pedro saltó de su cama y se abalanzó sobre la gallega para tomarla entre sus brazos y besarla largamente, tal como lo había soñado en sus días de internado cuando pensaba en salir de una vez por todas y solo para casarse con Camila.
- Tu quieres aprovecharte de mí, nada serio me propondrás…mi amiga María dice que tenga cuidado con mi patroncito argentino, que todos los hombres son iguales…no puedo… – Trataba de aclarar la muchacha al tiempo que el joven hacía malabares para acariciarla por encima y por debajo de su ropa. Ella no aceptaba pero tampoco se negaba.
Finalmente zafó de su abrazo y corrió hacia el pasillo tapando su cara con el delantal. Corrió rápidamente hacia el jardín donde se quedó junto a los rosales mirando los capullos de rosa que estaban saliendo. “…piel como pétalos de rosa, encendidos ojos azules… Me volverán loca, no se qué quieren de mí…” - Pensaba entre lágrimas que saltaron de sus ojos como perlas cristalinas resbalando por sus mejillas.
Camila era la nieta de un gallego que había llegado de España a fines del siglo pasado. Venía con la hija, Camila y con la nieta, también llamada Camila. La hija había fallecido de tifus y la pequeña Camila había quedado al cuidado de su abuelo quien sin dudas la quería mucho pero no pudo tenerla más cuando se hizo señorita. Por eso, al ver que la vida en el conventillo no era para ella, la acomodó en una casa de familia para que le dieran trabajo bien remunerado y así poder ayudarlo con todas sus deudas. Y Camila enviaba dinero a su abuelo todos los meses pues sabía que él lo necesitaba.
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Pedro no quiso dedicarse a los negocios, tuvo que defraudar al Tío Pedro. Se inscribió en la carrera de Medicina.
Por ese tiempo las mujeres no estudiaban más que magisterio, música o artes plásticas y era muy poco común ver a alguna de ellas inclinarse hacia las ciencias o letras. Pero ese año la facultad tuvo una grata sorpresa. Una mujer extranjera se inscribió en el examen de ingreso. Se llamaba Camila Bertrand.
- Esto es una locura. ¿Por qué no estudias pintura o piano? Medicina es demasiado para nosotras, no creo que te resulte fácil hacerlo. En Buenos Aires es así, diferente es en Europa, claro…Pero acá el ambiente es totalmente masculino y ellos no quieren que lo logremos, de hecho son pocas las egresadas – Decía Beatrice a su criada con todo el cariño que era capaz de manifestar.
- Espera, Madre, veamos si puede pasar el ingreso y luego, si lo hace, démosle el crédito necesario para que pueda avanzar. Yo la ayudaré – Contestó Pedro que estaba obnubilado con la decisión de Camila.
- Sabes que no hay mayor feminista que yo que he estado en París y que milito entre las Sufragistas desde hace tiempo y… que tengo la convicción de que nosotras podemos lograr todo lo que nos propongamos.
- Entonces demuéstralo con Camila. Será estudiante de Medicina y compañera mía y aún así seguirá siendo nuestra empleada…Ya verás que lo logrará.
- Gracias Pedro, muchas gracias por su apoyo. Espero no defraudarlo – Contestó la muchacha con el seño fruncido y la vista fija en sus manos.
Pedro la vio entrar en la sala mayor de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires, un 10 de Marzo de 1909. Una decena de hombres la miraban mientras sacaba tres bolillas del bolillero y escuchaba los temas de boca del presidente del Tribunal examinador.
- Muy bien, Señorita Bertrand, ¿qué sabe sobre el esqueleto humano? Allí tiene uno completo para señalarnos los nombres de los huesos – Dijo mirando un esqueleto que colgaba del pizarrón, delante de Camila – Luego háblenos del Sistema Circulatorio y luego de los padres de la Medicina, si es tan amable.
Las palabras brotaron de los labios de la gallega como un rosario de rezos, sin olvidar ningún detalle. Usó huesos, tizas y láminas para hacer su exposición, dejando boquiabiertos a todos los presentes. Pedro tembló por ella al comienzo pero luego una gran tranquilidad se apoderó de él mientras la escuchó hablar sin prisa pero sin pausa durante más de treinta minutos.
Se hicieron muy largos los momentos de la espera del veredicto. Pero al cabo de un rato salió el presidente para anunciar el resultado.
- Nuestra decisión es permitir el ingreso de la aspirante a la carrera de Medicina. La felicitamos Señorita Bertrand.
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Al ver que la gallega salía con libros entre sus manos, su traje sastre y su boina de estudiante, Liliana lloraba sentada en su rincón de bordado. Lagrimeaba en silencio porque consideraba que nunca podría alcanzarla. Camila ya no le prodigaba largas charlas como antes, no la ayudaba a vestirse ni la aconsejaba. Se mostraba altanera y superior. Su condición de europea y su inteligencia cultivada, la hacían acreedora de un aire sensual y misterioso. ¿Cómo podía ella, encapsulada dentro de su sitial de criolla dama modosa de sociedad, hacer que esa mujer la mirara? Ya no la sentía su amiga…¡Y su madre que le enviaba cartas preguntándole por su noviazgo con Pedro!…Su madre soñaba con imposibles…
- ¿Vamos hoy al circo, Pedro, quieres acompañar a tu prima que se siente atraída por estas vulgares expresiones artísticas?
- No puedo, debo estudiar con Camila.
Tarde tras tarde se sentaban los tres en el jardín de invierno a leer en voz alta y observar láminas que luego describían. Liliana miraba y escuchaba. Camila servía el té y era el centro de atracción de la reunión.
Finalmente se animó Liliana a pedirle matrimonio a su primo pero no se sintió sorprendida cuando él se negó rotundamente, era la respuesta esperada. Camila no le hablaba y Pedro la rechazaba. No había demasiados motivos para sentirse dichosa.
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Camila estaba segura de que si seguía en un todo lo que le decían sus maestros, aprobaría cada materia con altas calificaciones. Las que cursaba y las que hacía en calidad de “libre”. Pronto dejaría atrás a Pedro que se esforzaba por defenderla de las miradas de desconfianza y recelo de sus compañeros varones. Y tanto hacía él por hacerse querer, que había logrado que lo dejara meterse en su cama cada noche, casi hasta el amanecer. Luego lo obligaba a irse deslizándose en puntas de pie por el corredor hasta llegar a su habitación, momento en el cual veían apagarse la luz del cuarto de Liliana que se reflejaba en la pared del comedor. Dulce y silenciosa Liliana ¿qué pensaría de su relación? Luego Camila se relajaba y cerraba los ojos para descansar profundamente por tres horas, hasta que sonaba el despertador a las siete de la mañana.
¡Era tan feliz! Nunca pensó que la felicidad era tan fácil de alcanzar. Creía que nada malo podría sucederle. Pedro la cuidaba y su carrera de doctora iba viento en popa.
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- Es la última noche, juro que es la última – Dijo Liliana mientras se cepillaba los cabellos frente al espejo del tocador.
- ¿La última vez de qué Niña? – Dijo Camila. Por respuesta solo hubo una actitud de indiferencia por parte de Liliana que seguía cepillándose el pelo.
- Niña, ¿le pasa algo? – Volvió a preguntar la sirvienta.
- Nada, quiero estar sola – recibió por toda contestación.
Luego de desayunar pacientemente las tostadas con huevos tibios que le trajera Camila y sin haberla mirado ni una vez a los ojos, lo decidió. Se sentía liberada de sus ataduras porque al fin sabía exactamente cuáles eran sus sentimientos. Estaba perdida e irremediablemente enamorada de Camila y como era un amor imposible por todos los lados que se lo mirara, la única salida que tenía era morir.
Al fin veía todo con claridad. Sus padres querían casarla con su primo Pedro pero él solo tenía ojos para Camila quien también lo amaba profundamente. Su mejor amiga ya no era tal y su supuesto futuro marido la hacía de menos. Liliana ya no podía resistir más, no podía seguir siendo testigo de los encuentros amorosos nocturnos de Pedro y Camila… ¡La amaba con locura y no era correspondida! Se levantó de su silla, caminó lentamente hacia el baño y como presa de una calma despiadada, tomó de la repisa unas tijeras con las que cortó sus dos muñecas. La sangre fluyó roja y turgente hacia el piso dejando un sendero hacia la bañera, donde se acostó despacio apoyando la cabeza sobre el borde hasta quedar dormida. El agua tibia y enrojecida llenaba la tina.


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Esa mañana encontraron a Liliana con su camisón de encaje flotando en el agua, estaba sumergida en la bañera envuelta en sangre. Pedro y Camila no podían salir de su estupor. Un hecho lamentable que empañó la felicidad de ambos y llenó de horror a la familia.
- Ni bien nos recibamos, nos casaremos – Dijo Pedro en un acto de desesperación.
- No lo se, ahora no puedo pensar en nada – Camila no podía ver por las lágrimas que le salían a borbotones de sus tristes ojos – No puedo ser feliz cuando he provocado tanto daño – Un manto gélido cubrió su rostro y su cuerpo se tornó tieso como una estatua, permaneciendo así por largas horas.
Pedro no entendía nada pero supo que algo extraño había sucedido y se propuso no volver a hablar del tema. Él que siempre había sido tan precavido, que creía tener todo bajo control, que durante su vida de estudiante siempre fuera el más aplomado y seguro de sí mismo superando a sus compañeros y dejando a sus profesores azorados, ahora se sentía muy desconcertado. Camila lo superaba en casi todo y siempre parecía estar adelantada en sus percepciones y sentimientos. Se preguntaba cómo hacer para retenerla porque por primera vez sintió que peligraba su amor.
- No hablemos más del tema mi amor, tratemos de olvidar – Fue lo único que se le ocurrió decir.
Pasaron los días pero nada volvió a la normalidad. Liliana había sellado con su muerte, la separación de los jóvenes amantes.
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En la Universidad había un gran revuelo ese año del Centenario. Se estaban preparando reuniones y actos. Las estudiantes mujeres estaban agremiadas y en contacto con asociaciones feministas cuya mayor líder era la Dra. Julieta Lanteri. Esa tarde Lanteri se acercó a Camila con una sonrisa en los labios. Sostenía un rollo de papel en su mano y venía enarbolándolo como un trofeo.
- Al fin lo hemos logrado, hablaremos en el Congreso Femenino Internacional.
Corría el año 1910, Centenario de la gloriosa Revolución de Mayo y festejo del Primer Congreso Femenino Internacional en Buenos Aires, al cual las profesionales y estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas asistieron. Cuando Julieta Lanteri subió al estrado dijo:
- Los derechos no se mendigan….se conquistan, ese es el espíritu que nos anima a continuar la lucha…Mis actos son una afirmación de mi conciencia que me dice que cumplo con mi deber: una afirmación de mi independencia que satisface mi espíritu y no se somete a falsas cadenas de esclavitud moral e intelectual, y una afirmación de mi sexo, del cual estoy orgullosa y para el cual quiero luchar – Todos aplaudieron vivazmente y se pararon vitoreando a Julieta quien pronto se postularía para una banca en el Congreso de la Nación.
Ese fue un gran año para las mujeres feministas, por su lucha y sus logros. Camila fue una militante y luego de años de arduo estudio, investigación y trabajo, pudo obtener su título de Médica. Junto a ella había otras como Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Petrona Eyle, Leonor Martínez Biso y Julieta Lanteri, todas inmigrantes o hijas de inmigrantes como ella. Desarrolló una intensa carrera, puesta al servicio de la salud física y mental de sus semejantes. Y fue una luchadora tenaz por lo que constituyó su mayor afán: lograr el sufragio femenino en Argentina y el derecho de la mujer a los cargos electivos, haciendo de ello un verdadero apostolado.
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Pedro la esperaba en el altar. Ya hacía muchos años que noviaban y ahora era tiempo de sellar su amor casándose. La vio entrar con su vestido blanco de satén, su canastita llena de pequeñas rosas blancas y su velo de tul sobre la cara. En su cuello brillaba un medallón en forma de corazón con un rubí que había sido regalo de Beatrice, su madre.
La Dra. Camila Bertrand sonreía pícaramente mientras avanzaba mirando a través del velo, a su antiguo patroncito y amante, hoy el Dr. Pedro Moreau. Se quedó con él por los años en que la esperó que se recibiera de Médica, por los lazos que la unían con su madre y por su embarazo… Hacía mucho que había dejado de quererlo. Tuvieron una hija a la que llamaron Liliana, en honor a la dulce prima y amiga que nunca olvidarían. Todos los domingos Camila acudía al cementerio de la Chacarita con un ramo de rosas rojas, las flores preferidas de la Señorita Liliana, quien había cometido a su entender, un solo error: amarla demasiado.

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