El libro es nuestro amigo

El libro es nuestro amigo
El libro es nuestro amigo. Cuando un niño o un adolescente leen tiene la posibilidad de asomarse a mundos inusitados

El valor de las letras

Cuando un niño o un adolescente lee, vuela con su imaginación al infinito. Las letras nos hacen cabalgar sobre mundos extraordinarios, ser princesas entre castillos de ensueño, héroes salvadores de la humanidad o alegres saltamontes rodeados de mariposas y ráfagas de brisas primaverales. Podemos elevarnos con la quilla de algún barco pirata, saltar de una nave hacia el espacio sideral o cruzar la puerta de la realidad hacia sitios fantásticos. La literatura es magia para nuestra primera infancia tanto como aventura en la adolescencia o pasión en la juventud. Los cuentos, poemas y relatos son las alas del alma.

¡Como Alicia en el País de las Maravillas...pasemos juntos del otro lado!


Any Carmona

lunes, 27 de diciembre de 2010

PARA MI PRIMER NIETO

Pienso,
anhelo,
tejo mundo ideales.
Sueños de algodón,
de papel,
de espuma blanca.
Es un mundo de poeta
de seguridad y luz.
Tribuna de estrellas,
páginas sin dobleces,
letras con amor
y Cielo.


Viene un hada
cada mañana
aleteando en mi pecho.
Suenan campanillas
de justicia
que descorren
mi séptimo velo.
Hacen aportes los ángeles
los duendes cuidan mi suelo.
Pienso,
anhelo,
tejo mundos ideales
para mi primer nieto.


ANY CARMONA

MY BRIGTH SUN (For my second grandson)


You are close to my eyes,
my dear child.
You exist on my face
like a big bright sun.

Because you are
inside my heart,
my snack of cookies.
And you're coming to my home
under this special sky blue.

What magical country
you come from?
Do you have a red rose
in your little hand?
Have a crystal butterfly
on your nose?
Or bring a crown of clouds
over your head?

Welcome to my life
my grandson!
Because you are
my beautiful and
sweet love.

 
ANY CARMONA


Mi sol brillante
(Para mi segundo nieto)

Tú estás cerca de mis ojos,
mi querido niño.
Tú existes sobre mi rostro
como un gran sol brillante.

Porque tú estás
dentro de mi corazón,
mi mordisco de masita.
Y estás llegando a mi hogar
bajo este cielo especial y azul.

¿De qué mágico país vienes?
¿Tienes una rosa roja
en tu pequeña mano?
Tienes una mariposa de cristal
sobre tu nariz?
¿O traes una corona de nubes
sobre tu cabeza?

¡Bienvenido a mi vida,
nieto mío!
Porque eres
mi bello y dulce amor.



miércoles, 22 de diciembre de 2010

VILLANCICOS NAVIDEÑOS* por VALENTÍN ROMANO


“Gracias le doy a la Virgen,
gracias le doy al Señor,
porque entre tanto rigor,
y habiendo perdido tanto,
no perdí mi amor al canto
ni mi voz como cantor.”

José Hernández

Ico, caballito
vamos al galope,
que nos ha nacido
el Hijo del Hombre.
*

Ya pasa la estrella
por el firmamento,
nos anuncia allí
donde está naciendo.

Él nace perdido
pobre en un corral,
el mundo lo ignora
y nos trae el pan.

Con José y María
está el Niño Dios,
vamos a rendirle
nuestro corazón.
*
Llega Noche Buena
llega Navidad,
no olvidemos nunca
donde falta más.
*
Canten pajaritos
ábranse las flores,
que Dios ha nacido
y es Amor de amores.

Pide una sonrisa
simple y sencillita,
no nos demos vuelta
vamos a la cita.
*
Para quien no sepa
siempre nos anima,
ya Jesús nació
y es ¡POESÍA VIVA!


VALENTÍN ROMANO

gaucho!

*Inspirados en el Cancionero Tradicional Argentino que nos dejó nuestro "viejo"

sábado, 18 de diciembre de 2010

NOCHEBUENA EN SURAMÉRICA

 En mi país, Argentina,
hace calor en Navidad.
Verano muy candente,
de alegría y hermandad.

Hoy nacerá un Niño
que simboliza el Amor.
Hoy sonarán campanadas
de Paz y de Perdón.

Renacer verde y fragante,
con frutas, flores y Luz.
Con brisas veraniegas
y villancicos a Jesús.

Papá Noel baja al jardín,
en silencio deja regalos
sobre nuestros zapatitos
que esperan bajo el árbol.

Tendremos un gran pesebre
en nuestra misa de Gallo.
A María y José
y a los Reyes alabamos.

En el hemisferio sur
Nochebuena es como un cuento
con estrellitas y dulces
anunciamos el Nacimiento.

Esperanza para los pobres
sin importar su origen.
Suerte, salud y abundancia
a hombres y mujeres de bien.

¡Feliz Navidad
y Próspero Año Nuevo
para América del Sur!


ANY CARMONA

viernes, 10 de diciembre de 2010

NIÑITO DESCALZO


Niñito descalzo de carita sucia.
Ángel de arcilla vestido en harapos.
Vienes tras mechones surcando tu seño
bañado en hollines y moco navideño .

Recorres los subtes, te subes al tren.
Piecitos de barro cruzando el andén.
Niñito descalzo, dame una estampita,
apoya tu mano, confiesa tu pena.

Que pronto en el túnel, nacerá otro Niño.
Muy pobre y de harapos también llegará.
Ya no más trabajo para tu cuerpito.
Ni esclavo ni hambriento.
Ni sucio, ni rancio.

Solo tus derechos, niño privilegiado
que por ser un niño, Dios te ha regalado.
Y en horas de ensueño, juguetes y miel,
ungirá sanación en tu pequeña piel.

Niñito descalzo, te doy mis zapatos.
Angelito sucio, te lavo los pies.
Cuerpito cansado, acuno tu llanto.
¡Navidad de azúcar para tu niñez!


ANY CARMONA

miércoles, 8 de diciembre de 2010

LA CASONA ENCANTADA Y EL PAVO REAL cuento de Any Carmona

Capítulo II: La Gran Recesión

Luego de ese invierno helado, todos los habitantes de la casona quedaron muy mal. Estaban asustados, temerosos y no se animaban a nada. Ellos se sentían incapaces de soñar, hacer proyectos y pensar en días de Libertad. Todo lo contrario, no hablaban más que de la inseguridad que reinaba en la estancia y vivían atados a sus amuletos que supuestamente los preservarían de todos los males. No daban un paso sin consultar el oráculo y llamar a cuanto adivino y brujo o bruja andaba por ahí para saber cuál sería su futuro.
Un día la princesita Cándida supo que su madre no había muerto, como le había mentido su padre, sino que estaba recluida por orden de él en el torreón del atalaya. Se escabulló a la hora de la siesta y logró ascender despacito hasta llegar a su cuarto.

Allí estaba, una mujer joven extremadamente bella. Con un cabello largo renegrido que le caía en dos trenzas por la espalda. Un rostro que era como de porcelana, color canela y unos ojos negros almendrados que miraban concentrados, la página que tenían frente a sí. Estaba pintando.
- Madre, soy yo – dijo la Niña – Supe que aún vivías.
- Shhhhh– dijo la mujer poniéndose un dedo en los labios – Pueden oírte. Ellos no me dejan pintar ni tampoco escribir, dicen que estoy loca...pero yo lo hago igual.
- Hola Madre, soy Cándida, tu hija – Corrió la princesa y abrazó a su mamá.
- Hola mi amor, siempre te veo desde mi ventana. Siempre me cuentan de ti y se que estás muy bien. Quiero que sepas que te amo.
- Yo también Madre y ahora que te encontré, luego de tantos meses, vendré a verte cada día.
- Muy bien pero que no te vean.
Se despidieron y acordaron encontrarse al día siguiente.
Pero al día siguiente una nueva maldición cayó sobre el palacio del gran caudillo feudal de las Pampas. De pronto nadie podía saciarse con lo que comía. No importaba cuánto comieran o bebieran, siempre se quedaban con hambre y sed.
- ¿Qué sucede Padre? No se me va el hambre, no hay comida que alcance. ¿Es que acaso hay otro conjuro sobre nosotros?
- Ni tú ni yo debemos padecer hambre. He ordenado que nuestros empleados y sirvientes y cada persona de nuestra región, hagan un “ajuste”, se priven casi de todo y solo consuman lo necesario para no perecer. De este modo quedarán excedentes para la familia. De lo contrario moriremos de hambre y sed.
- Pero Padre, ¡nuestro pueblo sufrirá!
- Su sufrimiento será la prueba de amor a su tierra y a su Gobernador. Es el cariño y fidelidad que deben demostrar para seguir perteneciendo a nuestro país Lágrima. Es su obligación, deben sacrificarse…si no ¿quién los gobernará? – dijo Antonio Cabeza de Vaca mientras ordenaba a sus Ministros que aplicaran el más fuerte ajuste a toda la población.
“¡RECESIÓN! ¡RECESIÓN!” Dijeron en letras de molde los periódicos en los días venideros. Y una gran hambruna cayó sobre la casona, el bosque, la estancia y ahora sí, sobre toda la población. Todos enflaquecieron y hasta los niños sufrieron cosas indescriptibles. Vagaban por las calles sin tener qué comer.
¿Cómo podrían derrotar este terrible embrujo? Se preguntaban en el palacio, ¿cómo si el Gobernador estaba tan asustado que no atinaba a hacer nada? ¿Y el pueblo, hasta cuándo aguantaría?
Cándida seguía pensando en cómo hacer para burlar a los guardias que la cuidaban. Quería ver si su madre estaba bien pero el ogro de su padre no le sacaba los ojos de encima.
Fue un día en que se encontraba pensando, sentada bajo la higuera que ocupaba casi todo el patio trasero, cuando se le ocurrió una idea: iría a ver a los indios de la Reserva para preguntarles si ellos tenían algún remedio a tantos males. Ellos vivían muy cerca, hacia el sur, pero estaban separados de la estancia por una gran muralla.

Esa misma noche Cándida montó una mula y se dirigió despacito y sin hacer ruido hacia el gran paredón que marcaba el límite de su propiedad y cuán gran grande fue su sorpresa al ver que la puerta de salida estaba abierta. Pasó sin ningún problema y se dirigió alumbrada por la luz de la luna, a la zona en que unos indígenas llamados pampas, tenían su campamento.
¿Podría encontrar la solución al maleficio? ¿Lograría burlar a las tropas hambrientas y maltrechas de su padre? ¿Quién le había abierto la puerta? Eran todas preguntas que Cándida se hacía mientras cabalgaba en su mulita rumbo al sur.


(Continuará)

CRECER EN NAVIDAD por Any Carmona


CRECER EN NAVIDAD

Mis hermanos y yo nos sentamos a la mesa del comedor con un blog de papel de cartas, varios sobres y lápices. Nuestra madre había dicho que a Papá Noel había que escribirle si queríamos que nos trajera los juguetes que deseábamos tener.
Mi hermana Daniela y yo nos habíamos puesto de acuerdo en lo que pediríamos y es más, ya teníamos hasta los detalles de nuestro pedido: Dos muñecas que caminaran, hablaran y cantaran. La mía con pelo largo y rubio y la de ella igual pero con pelo platinado (como la de nuestra prima). No muy grandes para que no nos pasaran en altura y, eso sí, con ese perfume tan exquisito que habíamos olido esa vez en la juguetería. ¡Esas muñecas tan caras! Esas, eran las que queríamos.
Mi hermano Rodolfo, en cambio, pidió un camioncito de Duravit, el más grande que venía. Era tan grande que hasta él, que tenía apenas tres años, podía subirse y andar sobre el mismo. Lo pidió rojo, igual al que vimos ese mismo día en la juguetería.
- Ahora sí lo vas a tener, Papá Noel te lo va a traer. Vas a ver que este año te lo trae – le dije muy convencida a mi pelirrojo hermano, tan chiquito e ingenuo que pensaba que si se lo pedíamos con fervor, seguro no fallaba.
- Entonces le pido algo más – me dijo.
- A ver…¿qué podemos pedir además? – preguntó mi hermana.
- Pidamos golosinas…muchas, muchas golosinas…pero de esas que mamá no nos deja comer: chocolates, mantecol, mucho mantecol… y caramelos de dulce de leche, de esos que son enormes y se pegan en los dientes – Agregué yo que era gordita y glotona.
- ¡Sí…y pidamos chocolates de Bariloche en rama! – dijo Daniela.
Y agregamos estos pedidos dulces a los de juguetes. Escribimos una carta cada uno que pusimos al pie del gran árbol de navidad que teníamos en casa. Un árbol que casi llegaba al techo…
Esa tarde de vísperas de Noche Buena me junté con mi vecinita Mirta que vivía en frente, a jugar a “la cocinita”. Ella tenía una cocinita en miniatura para niñas hecha de metal esmaltado en blanco (igual a las verdaderas), con mesada, piletita y alacena. Todo de juguete. Era una réplica casi exacta a las reales. Yo siempre me cruzaba a su casa para jugar y esa cocinita me tenía loca. Ese día le dije a mi amiguita:
- Ya le mandé la carta a Papá Noel, le pedí una muñeca que hable y muchas golosinas…¿Vos qué le pediste?
- Nada porque Papá Noel no existe, no existe, Papá Noel son los padres – Me zampó así, de pronto, sin darse cuenta del impacto que eso provocaría en mí.
- ¿Qué estás diciendo? Papá Noel existe y todos los años nos trae algo lindo de regalo. El año que viene pediré una cocinita igual a la tuya – le dije.
- Te digo que no existe, preguntale a tu mamá, preguntale y verás – insistió mi cruel amiguita. Tan cruel como suelen ser los niños a veces.
Corrí asustada a mi casa, subí las escaleras y casi llorando pregunté a mi madre que estaba cocinando para la noche: - Mamá ¿Es verdad que Papá Noel no existe, que son los padres? -  Mi madre me miró, se agachó y tomándome de los hombros me dijo:
- Como ya sos grandecita te diré la verdad, pero no les digas nada a tus hermanitos. Papa Noel es una fantasía. Somos los padres los que hacemos los regalos y armamos ese cuento para los chicos.
- ¡Pero yo lo vi, lo vi en la Galería…estaba con su traje rojo y su barba blanca! – grité con lágrimas en los ojos.
- Sí pero era un señor que se disfraza cada año para darles ilusión a los nenes. En realidad es un actor – dijo mi madre con mucha ternura.
- Entonces ustedes me mintieron, no puede ser, no puede ser – Contesté muy decepcionada y me fui a mi habitación a meditar sobre el porqué de tal engaño.
Todo el día estuve triste y muy asustada y con muchas ganas de contarles a mis hermanos sobre la gran mentira de la que eran presos. Pero me contuve ante la cara amenazante de mi madre.
Esa noche festejamos la Navidad con una rica cena y pusimos los zapatos en el árbol para abrir los regalos al día siguiente ya que no nos dejaban quedarnos hasta las doce. Los niños se acostaban temprano en los años sesenta…
Recuerdo que no pude dormirme hasta muy tarde. Mi cama estaba debajo de la ventana que se encontraba abierta de par en par por el calor de diciembre y yo estaba temerosa pensando que en cualquier momento entraría Papá Noel porque Él sí existía y seguramente me visitaría. Decepción, miedo, tristeza fueron los sentimientos que me embargaron en esa Navidad. Me dormí después de mirar largamente el cielo por la ventana más cuando abrí los ojos, ya era de día.
Los tres corrimos como locos a ver los regalos en el árbol, Dani, Rodo y yo, que quería saber si todo había sido una equivocación y Papá Noel sí existía…¡Las muñecas, el camioncito y las golosinas!...Las golosinas estaban, no chocolate en rama, no mantecoles, no caramelos gigantes de dulce de leche…Solo esos caramelos baratos y esos chocolatines blancos que no hacían mal…
- ¿Qué pasó mamá…qué pasó?... ¡Papá, vení a ver!– preguntamos a nuestros padres.
- Es que Papá Noel este año no pudo, está pobre – Dijo nuestra mamá – Hay que conformarse con lo que él nos regala, a veces no se puede, no siempre Papá Noel puede hacer regalos importantes.
Miré sus enormes ojos celestes y vi tristeza en la cara de mi madre. Entonces comprendí que era verdad: Papá Noel no existía y la pobreza en mi familia había llegado hasta nuestra Navidad. Ese año crecí de golpe.


ANY CARMONA

lunes, 6 de diciembre de 2010

TARJETA DE NAVIDAD



















N ecesitamos paz
A lcanzar amor y perdón
V ivir en renovada reflexión
 I nvitando a Jesús a la mesa
D émosle el mejor presente
A unando deseos de hermandad
D ios viene a nosotros, una vez más.


ANY CARMONA

NAVIDAD DE CARTÓN (poema y video)

Por favor cliquear aquí:

Ha nacido un niño en la villa.
Vio la luz en un rancho de chapa y cartón.
Llantos almibarados mojaron las vías
y la pobreza sintió la paz de la Nochebuena.
*
Cantaron los cartoneros su canción de cuna:
Buena cosecha y mejores augurios
para una Navidad de cartón y vino,
sin ningún pan dulce y ninguna estrella.
*
Ha venido el hijo entre la miseria y la duda,
sobre hilos dorados y papel de regalo,
bolsas enormes de polietileno
y cartulinas viejas formando puntillas.
*
De muchos lugares vinieron a verlo,
con obsequios preciosos
y grandes promesas.
Y hasta tres hombres del Municipio
le acercaron presentes inesperados.
*
Polvo de leche en lata,
panes de jabón pintados,
retazos de tela hecha jirones
y un Plan de Ayuda de humo y espuma.
*
Pobre bebé dormido en su pesebre de cartón
trae bajo el brazo abandono y desamor,
mentiras olvidadas
pero en su futuro,
resplandor.
*
ANY CARMONA
*Del libro Luz de soledad 

EL PRINCIPITO por Antoine de Saint Exuperí - Capítulo XV (Para niños y jóvenes desde 10 años)

El sexto planeta era diez veces más grande. Estaba habitado por un anciano que escribía grandes libros.

-¡Anda, un explorador! -exclamó cuando divisó al principito.
Este se sentó sobre la mesa y reposó un poco. ¡Había viajado ya tanto!
-¿De dónde vienes tú? -le preguntó el anciano.
-¿Qué libro es ese tan grande? -preguntó a su vez el principito-. ¿Qué hace usted aquí?
-Soy geógrafo -dijo el anciano.
-¿Y qué es un geógrafo?
-Es un sabio que sabe donde están los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos.
-Eso es muy interesante -dijo el principito-. ¡Y es un verdadero oficio!
Dirigió una mirada a su alrededor sobre el planeta del geógrafo; nunca había visto un planeta tan majestuoso.
-Es muy hermoso su planeta. ¿Hay océanos aquí?
-No puedo saberlo -dijo el geógrafo.
-¡Ah! (El principito se sintió decepcionado). ¿Y montañas?
-No puedo saberlo -repitió el geógrafo.
-¿Y ciudades, ríos y desiertos?
-Tampoco puedo saberlo.
-¡Pero usted es geógrafo!
-Exactamente -dijo el geógrafo-, pero no soy explorador, ni tengo exploradores que me informen. El geógrafo no puede estar de acá para allá contando las ciudades, los ríos, las montañas, los océanos y los desiertos; es demasiado importante para deambular por ahí. Se queda en su despacho y allí recibe a los exploradores. Les interroga y toma nota de sus informes. Si los informes de alguno de ellos le parecen interesantes, manda hacer una investigación sobre la moralidad del explorador.
-¿Para qué?
-Un explorador que mintiera sería una catástrofe para los libros de geografía. Y también lo sería un explorador que bebiera demasiado.
-¿Por qué? -preguntó el principito.
-Porque los borrachos ven doble y el geógrafo pondría dos montañas donde sólo habría una.
-Conozco a alguien -dijo el principito-, que sería un mal explorador.
-Es posible. Cuando se está convencido de que la moralidad del explorador es buena, se hace una investigación sobre su descubrimiento.
-¿ Se va a ver?
-No, eso sería demasiado complicado. Se exige al explorador que suministre pruebas. Por ejemplo, si se trata del descubrimiento de una gran montaña, se le pide que traiga grandes piedras.
Súbitamente el geógrafo se sintió emocionado:
-Pero... ¡tú vienes de muy lejos! ¡Tú eres un explorador! Vas a describirme tu planeta.
Y el geógrafo abriendo su registro afiló su lápiz. Los relatos de los exploradores se escriben primero con lápiz. Se espera que el explorador presente sus pruebas para pasarlos a tinta.
-¿Y bien? -interrogó el geógrafo.
-¡Oh! Mi tierra -dijo el principito- no es interesante, todo es muy pequeño. Tengo tres volcanes, dos en actividad y uno extinguido; pero nunca se sabe...
-No, nunca se sabe -dijo el geógrafo.
-Tengo también una flor.
-De las flores no tomamos nota.
-¿Por qué? ¡Son lo más bonito!
-Porque las flores son efímeras.
-¿Qué significa "efímera"?
-Las geografías -dijo el geógrafo- son los libros más preciados e interesantes; nunca pasan de moda. Es muy raro que una montaña cambie de sitio o que un océano quede sin agua. Los geógrafos escribimos sobre cosas eternas.
-Pero los volcanes extinguidos pueden despertarse -interrumpió el principito-. ¿Qué significa "efímera"?
-Que los volcanes estén o no en actividad es igual para nosotros. Lo interesante es la montaña que nunca cambia.
-Pero, ¿qué significa "efímera"? -repitió el principito que en su vida había renunciado a una pregunta una vez formulada.
-Significa que está amenazado de próxima desaparición.
-¿Mi flor está amenazada de desaparecer próximamente?
-Indudablemente.
"Mi flor es efímera -se dijo el principito- y no tiene más que cuatro espinas para defenderse contra el mundo. ¡Y la he dejado allá sola en mi casa!" Por primera vez se arrepintió de haber dejado su planeta, pero bien pronto recobró su valor.
-¿Qué me aconseja usted que visite ahora? -preguntó.
-La Tierra -le contestó el geógrafo-. Tiene muy buena reputación...
Y el principito partió pensando en su flor.

(Continuará)