El libro es nuestro amigo

El libro es nuestro amigo
El libro es nuestro amigo. Cuando un niño o un adolescente leen tiene la posibilidad de asomarse a mundos inusitados

El valor de las letras

Cuando un niño o un adolescente lee, vuela con su imaginación al infinito. Las letras nos hacen cabalgar sobre mundos extraordinarios, ser princesas entre castillos de ensueño, héroes salvadores de la humanidad o alegres saltamontes rodeados de mariposas y ráfagas de brisas primaverales. Podemos elevarnos con la quilla de algún barco pirata, saltar de una nave hacia el espacio sideral o cruzar la puerta de la realidad hacia sitios fantásticos. La literatura es magia para nuestra primera infancia tanto como aventura en la adolescencia o pasión en la juventud. Los cuentos, poemas y relatos son las alas del alma.

¡Como Alicia en el País de las Maravillas...pasemos juntos del otro lado!


Any Carmona

lunes, 27 de diciembre de 2010

PARA MI PRIMER NIETO

Pienso,
anhelo,
tejo mundo ideales.
Sueños de algodón,
de papel,
de espuma blanca.
Es un mundo de poeta
de seguridad y luz.
Tribuna de estrellas,
páginas sin dobleces,
letras con amor
y Cielo.


Viene un hada
cada mañana
aleteando en mi pecho.
Suenan campanillas
de justicia
que descorren
mi séptimo velo.
Hacen aportes los ángeles
los duendes cuidan mi suelo.
Pienso,
anhelo,
tejo mundos ideales
para mi primer nieto.


ANY CARMONA

MY BRIGTH SUN (For my second grandson)


You are close to my eyes,
my dear child.
You exist on my face
like a big bright sun.

Because you are
inside my heart,
my snack of cookies.
And you're coming to my home
under this special sky blue.

What magical country
you come from?
Do you have a red rose
in your little hand?
Have a crystal butterfly
on your nose?
Or bring a crown of clouds
over your head?

Welcome to my life
my grandson!
Because you are
my beautiful and
sweet love.

 
ANY CARMONA


Mi sol brillante
(Para mi segundo nieto)

Tú estás cerca de mis ojos,
mi querido niño.
Tú existes sobre mi rostro
como un gran sol brillante.

Porque tú estás
dentro de mi corazón,
mi mordisco de masita.
Y estás llegando a mi hogar
bajo este cielo especial y azul.

¿De qué mágico país vienes?
¿Tienes una rosa roja
en tu pequeña mano?
Tienes una mariposa de cristal
sobre tu nariz?
¿O traes una corona de nubes
sobre tu cabeza?

¡Bienvenido a mi vida,
nieto mío!
Porque eres
mi bello y dulce amor.



miércoles, 22 de diciembre de 2010

VILLANCICOS NAVIDEÑOS* por VALENTÍN ROMANO


“Gracias le doy a la Virgen,
gracias le doy al Señor,
porque entre tanto rigor,
y habiendo perdido tanto,
no perdí mi amor al canto
ni mi voz como cantor.”

José Hernández

Ico, caballito
vamos al galope,
que nos ha nacido
el Hijo del Hombre.
*

Ya pasa la estrella
por el firmamento,
nos anuncia allí
donde está naciendo.

Él nace perdido
pobre en un corral,
el mundo lo ignora
y nos trae el pan.

Con José y María
está el Niño Dios,
vamos a rendirle
nuestro corazón.
*
Llega Noche Buena
llega Navidad,
no olvidemos nunca
donde falta más.
*
Canten pajaritos
ábranse las flores,
que Dios ha nacido
y es Amor de amores.

Pide una sonrisa
simple y sencillita,
no nos demos vuelta
vamos a la cita.
*
Para quien no sepa
siempre nos anima,
ya Jesús nació
y es ¡POESÍA VIVA!


VALENTÍN ROMANO

gaucho!

*Inspirados en el Cancionero Tradicional Argentino que nos dejó nuestro "viejo"

sábado, 18 de diciembre de 2010

NOCHEBUENA EN SURAMÉRICA

 En mi país, Argentina,
hace calor en Navidad.
Verano muy candente,
de alegría y hermandad.

Hoy nacerá un Niño
que simboliza el Amor.
Hoy sonarán campanadas
de Paz y de Perdón.

Renacer verde y fragante,
con frutas, flores y Luz.
Con brisas veraniegas
y villancicos a Jesús.

Papá Noel baja al jardín,
en silencio deja regalos
sobre nuestros zapatitos
que esperan bajo el árbol.

Tendremos un gran pesebre
en nuestra misa de Gallo.
A María y José
y a los Reyes alabamos.

En el hemisferio sur
Nochebuena es como un cuento
con estrellitas y dulces
anunciamos el Nacimiento.

Esperanza para los pobres
sin importar su origen.
Suerte, salud y abundancia
a hombres y mujeres de bien.

¡Feliz Navidad
y Próspero Año Nuevo
para América del Sur!


ANY CARMONA

viernes, 10 de diciembre de 2010

NIÑITO DESCALZO


Niñito descalzo de carita sucia.
Ángel de arcilla vestido en harapos.
Vienes tras mechones surcando tu seño
bañado en hollines y moco navideño .

Recorres los subtes, te subes al tren.
Piecitos de barro cruzando el andén.
Niñito descalzo, dame una estampita,
apoya tu mano, confiesa tu pena.

Que pronto en el túnel, nacerá otro Niño.
Muy pobre y de harapos también llegará.
Ya no más trabajo para tu cuerpito.
Ni esclavo ni hambriento.
Ni sucio, ni rancio.

Solo tus derechos, niño privilegiado
que por ser un niño, Dios te ha regalado.
Y en horas de ensueño, juguetes y miel,
ungirá sanación en tu pequeña piel.

Niñito descalzo, te doy mis zapatos.
Angelito sucio, te lavo los pies.
Cuerpito cansado, acuno tu llanto.
¡Navidad de azúcar para tu niñez!


ANY CARMONA

miércoles, 8 de diciembre de 2010

LA CASONA ENCANTADA Y EL PAVO REAL cuento de Any Carmona

Capítulo II: La Gran Recesión

Luego de ese invierno helado, todos los habitantes de la casona quedaron muy mal. Estaban asustados, temerosos y no se animaban a nada. Ellos se sentían incapaces de soñar, hacer proyectos y pensar en días de Libertad. Todo lo contrario, no hablaban más que de la inseguridad que reinaba en la estancia y vivían atados a sus amuletos que supuestamente los preservarían de todos los males. No daban un paso sin consultar el oráculo y llamar a cuanto adivino y brujo o bruja andaba por ahí para saber cuál sería su futuro.
Un día la princesita Cándida supo que su madre no había muerto, como le había mentido su padre, sino que estaba recluida por orden de él en el torreón del atalaya. Se escabulló a la hora de la siesta y logró ascender despacito hasta llegar a su cuarto.

Allí estaba, una mujer joven extremadamente bella. Con un cabello largo renegrido que le caía en dos trenzas por la espalda. Un rostro que era como de porcelana, color canela y unos ojos negros almendrados que miraban concentrados, la página que tenían frente a sí. Estaba pintando.
- Madre, soy yo – dijo la Niña – Supe que aún vivías.
- Shhhhh– dijo la mujer poniéndose un dedo en los labios – Pueden oírte. Ellos no me dejan pintar ni tampoco escribir, dicen que estoy loca...pero yo lo hago igual.
- Hola Madre, soy Cándida, tu hija – Corrió la princesa y abrazó a su mamá.
- Hola mi amor, siempre te veo desde mi ventana. Siempre me cuentan de ti y se que estás muy bien. Quiero que sepas que te amo.
- Yo también Madre y ahora que te encontré, luego de tantos meses, vendré a verte cada día.
- Muy bien pero que no te vean.
Se despidieron y acordaron encontrarse al día siguiente.
Pero al día siguiente una nueva maldición cayó sobre el palacio del gran caudillo feudal de las Pampas. De pronto nadie podía saciarse con lo que comía. No importaba cuánto comieran o bebieran, siempre se quedaban con hambre y sed.
- ¿Qué sucede Padre? No se me va el hambre, no hay comida que alcance. ¿Es que acaso hay otro conjuro sobre nosotros?
- Ni tú ni yo debemos padecer hambre. He ordenado que nuestros empleados y sirvientes y cada persona de nuestra región, hagan un “ajuste”, se priven casi de todo y solo consuman lo necesario para no perecer. De este modo quedarán excedentes para la familia. De lo contrario moriremos de hambre y sed.
- Pero Padre, ¡nuestro pueblo sufrirá!
- Su sufrimiento será la prueba de amor a su tierra y a su Gobernador. Es el cariño y fidelidad que deben demostrar para seguir perteneciendo a nuestro país Lágrima. Es su obligación, deben sacrificarse…si no ¿quién los gobernará? – dijo Antonio Cabeza de Vaca mientras ordenaba a sus Ministros que aplicaran el más fuerte ajuste a toda la población.
“¡RECESIÓN! ¡RECESIÓN!” Dijeron en letras de molde los periódicos en los días venideros. Y una gran hambruna cayó sobre la casona, el bosque, la estancia y ahora sí, sobre toda la población. Todos enflaquecieron y hasta los niños sufrieron cosas indescriptibles. Vagaban por las calles sin tener qué comer.
¿Cómo podrían derrotar este terrible embrujo? Se preguntaban en el palacio, ¿cómo si el Gobernador estaba tan asustado que no atinaba a hacer nada? ¿Y el pueblo, hasta cuándo aguantaría?
Cándida seguía pensando en cómo hacer para burlar a los guardias que la cuidaban. Quería ver si su madre estaba bien pero el ogro de su padre no le sacaba los ojos de encima.
Fue un día en que se encontraba pensando, sentada bajo la higuera que ocupaba casi todo el patio trasero, cuando se le ocurrió una idea: iría a ver a los indios de la Reserva para preguntarles si ellos tenían algún remedio a tantos males. Ellos vivían muy cerca, hacia el sur, pero estaban separados de la estancia por una gran muralla.

Esa misma noche Cándida montó una mula y se dirigió despacito y sin hacer ruido hacia el gran paredón que marcaba el límite de su propiedad y cuán gran grande fue su sorpresa al ver que la puerta de salida estaba abierta. Pasó sin ningún problema y se dirigió alumbrada por la luz de la luna, a la zona en que unos indígenas llamados pampas, tenían su campamento.
¿Podría encontrar la solución al maleficio? ¿Lograría burlar a las tropas hambrientas y maltrechas de su padre? ¿Quién le había abierto la puerta? Eran todas preguntas que Cándida se hacía mientras cabalgaba en su mulita rumbo al sur.


(Continuará)

CRECER EN NAVIDAD por Any Carmona


CRECER EN NAVIDAD

Mis hermanos y yo nos sentamos a la mesa del comedor con un blog de papel de cartas, varios sobres y lápices. Nuestra madre había dicho que a Papá Noel había que escribirle si queríamos que nos trajera los juguetes que deseábamos tener.
Mi hermana Daniela y yo nos habíamos puesto de acuerdo en lo que pediríamos y es más, ya teníamos hasta los detalles de nuestro pedido: Dos muñecas que caminaran, hablaran y cantaran. La mía con pelo largo y rubio y la de ella igual pero con pelo platinado (como la de nuestra prima). No muy grandes para que no nos pasaran en altura y, eso sí, con ese perfume tan exquisito que habíamos olido esa vez en la juguetería. ¡Esas muñecas tan caras! Esas, eran las que queríamos.
Mi hermano Rodolfo, en cambio, pidió un camioncito de Duravit, el más grande que venía. Era tan grande que hasta él, que tenía apenas tres años, podía subirse y andar sobre el mismo. Lo pidió rojo, igual al que vimos ese mismo día en la juguetería.
- Ahora sí lo vas a tener, Papá Noel te lo va a traer. Vas a ver que este año te lo trae – le dije muy convencida a mi pelirrojo hermano, tan chiquito e ingenuo que pensaba que si se lo pedíamos con fervor, seguro no fallaba.
- Entonces le pido algo más – me dijo.
- A ver…¿qué podemos pedir además? – preguntó mi hermana.
- Pidamos golosinas…muchas, muchas golosinas…pero de esas que mamá no nos deja comer: chocolates, mantecol, mucho mantecol… y caramelos de dulce de leche, de esos que son enormes y se pegan en los dientes – Agregué yo que era gordita y glotona.
- ¡Sí…y pidamos chocolates de Bariloche en rama! – dijo Daniela.
Y agregamos estos pedidos dulces a los de juguetes. Escribimos una carta cada uno que pusimos al pie del gran árbol de navidad que teníamos en casa. Un árbol que casi llegaba al techo…
Esa tarde de vísperas de Noche Buena me junté con mi vecinita Mirta que vivía en frente, a jugar a “la cocinita”. Ella tenía una cocinita en miniatura para niñas hecha de metal esmaltado en blanco (igual a las verdaderas), con mesada, piletita y alacena. Todo de juguete. Era una réplica casi exacta a las reales. Yo siempre me cruzaba a su casa para jugar y esa cocinita me tenía loca. Ese día le dije a mi amiguita:
- Ya le mandé la carta a Papá Noel, le pedí una muñeca que hable y muchas golosinas…¿Vos qué le pediste?
- Nada porque Papá Noel no existe, no existe, Papá Noel son los padres – Me zampó así, de pronto, sin darse cuenta del impacto que eso provocaría en mí.
- ¿Qué estás diciendo? Papá Noel existe y todos los años nos trae algo lindo de regalo. El año que viene pediré una cocinita igual a la tuya – le dije.
- Te digo que no existe, preguntale a tu mamá, preguntale y verás – insistió mi cruel amiguita. Tan cruel como suelen ser los niños a veces.
Corrí asustada a mi casa, subí las escaleras y casi llorando pregunté a mi madre que estaba cocinando para la noche: - Mamá ¿Es verdad que Papá Noel no existe, que son los padres? -  Mi madre me miró, se agachó y tomándome de los hombros me dijo:
- Como ya sos grandecita te diré la verdad, pero no les digas nada a tus hermanitos. Papa Noel es una fantasía. Somos los padres los que hacemos los regalos y armamos ese cuento para los chicos.
- ¡Pero yo lo vi, lo vi en la Galería…estaba con su traje rojo y su barba blanca! – grité con lágrimas en los ojos.
- Sí pero era un señor que se disfraza cada año para darles ilusión a los nenes. En realidad es un actor – dijo mi madre con mucha ternura.
- Entonces ustedes me mintieron, no puede ser, no puede ser – Contesté muy decepcionada y me fui a mi habitación a meditar sobre el porqué de tal engaño.
Todo el día estuve triste y muy asustada y con muchas ganas de contarles a mis hermanos sobre la gran mentira de la que eran presos. Pero me contuve ante la cara amenazante de mi madre.
Esa noche festejamos la Navidad con una rica cena y pusimos los zapatos en el árbol para abrir los regalos al día siguiente ya que no nos dejaban quedarnos hasta las doce. Los niños se acostaban temprano en los años sesenta…
Recuerdo que no pude dormirme hasta muy tarde. Mi cama estaba debajo de la ventana que se encontraba abierta de par en par por el calor de diciembre y yo estaba temerosa pensando que en cualquier momento entraría Papá Noel porque Él sí existía y seguramente me visitaría. Decepción, miedo, tristeza fueron los sentimientos que me embargaron en esa Navidad. Me dormí después de mirar largamente el cielo por la ventana más cuando abrí los ojos, ya era de día.
Los tres corrimos como locos a ver los regalos en el árbol, Dani, Rodo y yo, que quería saber si todo había sido una equivocación y Papá Noel sí existía…¡Las muñecas, el camioncito y las golosinas!...Las golosinas estaban, no chocolate en rama, no mantecoles, no caramelos gigantes de dulce de leche…Solo esos caramelos baratos y esos chocolatines blancos que no hacían mal…
- ¿Qué pasó mamá…qué pasó?... ¡Papá, vení a ver!– preguntamos a nuestros padres.
- Es que Papá Noel este año no pudo, está pobre – Dijo nuestra mamá – Hay que conformarse con lo que él nos regala, a veces no se puede, no siempre Papá Noel puede hacer regalos importantes.
Miré sus enormes ojos celestes y vi tristeza en la cara de mi madre. Entonces comprendí que era verdad: Papá Noel no existía y la pobreza en mi familia había llegado hasta nuestra Navidad. Ese año crecí de golpe.


ANY CARMONA

lunes, 6 de diciembre de 2010

TARJETA DE NAVIDAD



















N ecesitamos paz
A lcanzar amor y perdón
V ivir en renovada reflexión
 I nvitando a Jesús a la mesa
D émosle el mejor presente
A unando deseos de hermandad
D ios viene a nosotros, una vez más.


ANY CARMONA

NAVIDAD DE CARTÓN (poema y video)

Por favor cliquear aquí:

Ha nacido un niño en la villa.
Vio la luz en un rancho de chapa y cartón.
Llantos almibarados mojaron las vías
y la pobreza sintió la paz de la Nochebuena.
*
Cantaron los cartoneros su canción de cuna:
Buena cosecha y mejores augurios
para una Navidad de cartón y vino,
sin ningún pan dulce y ninguna estrella.
*
Ha venido el hijo entre la miseria y la duda,
sobre hilos dorados y papel de regalo,
bolsas enormes de polietileno
y cartulinas viejas formando puntillas.
*
De muchos lugares vinieron a verlo,
con obsequios preciosos
y grandes promesas.
Y hasta tres hombres del Municipio
le acercaron presentes inesperados.
*
Polvo de leche en lata,
panes de jabón pintados,
retazos de tela hecha jirones
y un Plan de Ayuda de humo y espuma.
*
Pobre bebé dormido en su pesebre de cartón
trae bajo el brazo abandono y desamor,
mentiras olvidadas
pero en su futuro,
resplandor.
*
ANY CARMONA
*Del libro Luz de soledad 

EL PRINCIPITO por Antoine de Saint Exuperí - Capítulo XV (Para niños y jóvenes desde 10 años)

El sexto planeta era diez veces más grande. Estaba habitado por un anciano que escribía grandes libros.

-¡Anda, un explorador! -exclamó cuando divisó al principito.
Este se sentó sobre la mesa y reposó un poco. ¡Había viajado ya tanto!
-¿De dónde vienes tú? -le preguntó el anciano.
-¿Qué libro es ese tan grande? -preguntó a su vez el principito-. ¿Qué hace usted aquí?
-Soy geógrafo -dijo el anciano.
-¿Y qué es un geógrafo?
-Es un sabio que sabe donde están los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos.
-Eso es muy interesante -dijo el principito-. ¡Y es un verdadero oficio!
Dirigió una mirada a su alrededor sobre el planeta del geógrafo; nunca había visto un planeta tan majestuoso.
-Es muy hermoso su planeta. ¿Hay océanos aquí?
-No puedo saberlo -dijo el geógrafo.
-¡Ah! (El principito se sintió decepcionado). ¿Y montañas?
-No puedo saberlo -repitió el geógrafo.
-¿Y ciudades, ríos y desiertos?
-Tampoco puedo saberlo.
-¡Pero usted es geógrafo!
-Exactamente -dijo el geógrafo-, pero no soy explorador, ni tengo exploradores que me informen. El geógrafo no puede estar de acá para allá contando las ciudades, los ríos, las montañas, los océanos y los desiertos; es demasiado importante para deambular por ahí. Se queda en su despacho y allí recibe a los exploradores. Les interroga y toma nota de sus informes. Si los informes de alguno de ellos le parecen interesantes, manda hacer una investigación sobre la moralidad del explorador.
-¿Para qué?
-Un explorador que mintiera sería una catástrofe para los libros de geografía. Y también lo sería un explorador que bebiera demasiado.
-¿Por qué? -preguntó el principito.
-Porque los borrachos ven doble y el geógrafo pondría dos montañas donde sólo habría una.
-Conozco a alguien -dijo el principito-, que sería un mal explorador.
-Es posible. Cuando se está convencido de que la moralidad del explorador es buena, se hace una investigación sobre su descubrimiento.
-¿ Se va a ver?
-No, eso sería demasiado complicado. Se exige al explorador que suministre pruebas. Por ejemplo, si se trata del descubrimiento de una gran montaña, se le pide que traiga grandes piedras.
Súbitamente el geógrafo se sintió emocionado:
-Pero... ¡tú vienes de muy lejos! ¡Tú eres un explorador! Vas a describirme tu planeta.
Y el geógrafo abriendo su registro afiló su lápiz. Los relatos de los exploradores se escriben primero con lápiz. Se espera que el explorador presente sus pruebas para pasarlos a tinta.
-¿Y bien? -interrogó el geógrafo.
-¡Oh! Mi tierra -dijo el principito- no es interesante, todo es muy pequeño. Tengo tres volcanes, dos en actividad y uno extinguido; pero nunca se sabe...
-No, nunca se sabe -dijo el geógrafo.
-Tengo también una flor.
-De las flores no tomamos nota.
-¿Por qué? ¡Son lo más bonito!
-Porque las flores son efímeras.
-¿Qué significa "efímera"?
-Las geografías -dijo el geógrafo- son los libros más preciados e interesantes; nunca pasan de moda. Es muy raro que una montaña cambie de sitio o que un océano quede sin agua. Los geógrafos escribimos sobre cosas eternas.
-Pero los volcanes extinguidos pueden despertarse -interrumpió el principito-. ¿Qué significa "efímera"?
-Que los volcanes estén o no en actividad es igual para nosotros. Lo interesante es la montaña que nunca cambia.
-Pero, ¿qué significa "efímera"? -repitió el principito que en su vida había renunciado a una pregunta una vez formulada.
-Significa que está amenazado de próxima desaparición.
-¿Mi flor está amenazada de desaparecer próximamente?
-Indudablemente.
"Mi flor es efímera -se dijo el principito- y no tiene más que cuatro espinas para defenderse contra el mundo. ¡Y la he dejado allá sola en mi casa!" Por primera vez se arrepintió de haber dejado su planeta, pero bien pronto recobró su valor.
-¿Qué me aconseja usted que visite ahora? -preguntó.
-La Tierra -le contestó el geógrafo-. Tiene muy buena reputación...
Y el principito partió pensando en su flor.

(Continuará)

lunes, 29 de noviembre de 2010

EL VIEJO TREN por Manuel Cubero Urbano


Aquella nariz viva y humeante anunció en la distancia su llegada. La llegada del monstruo amigo que mostraba, orgulloso, su centenaria fecha de nacimiento. El tren, lento y pesado, pareció surgir del último rincón de la montaña. Desde la sima del recuerdo la veterana máquina exhalaba un cierto tufillo a abuelo socarrón. Su evocador silbido anunció, desafiante, la arribada. El corazón de mi vieja maleta palpitaba al compás de su rítmica canción. ¡Qué de nostalgias brotaron a borbotones entre sus rancias maderas!

MANUEL CUBERO URBANO

domingo, 28 de noviembre de 2010

EL TREN


Cuando llego a la barrera
veo venir el tren.
Lo precede una luz brillante
y una bocina estruendosa
abre su paso al andén.

El riel es de acero fuerte,
los durmientes
de quebracho son.
Una casa muy antigua
a la inglesa,
es la estación.

El tren es muy romántico.
Nos lleva
a los años cincuenta.
En el vagón comedor,
como torta
muy contenta.

El ferrocarril
hizo el país,
puso caminos de hierro,
comunicó a todas
las provincias
y fue motor de progreso.

Junto a nuevos desafíos
de fábricas,
poblados y sueños.
Queremos un nuevo tren
ágil, cómodo
y moderno.

Trencito de aventuras,
emoción y velocidad.
Anhelo oír tu tran-tran
trayéndonos
cartas y besos,
cosas ricas del campo
y un futuro de verdad.


ANY CARMONA

lunes, 22 de noviembre de 2010

LA CASONA ENCANTADA Y EL PAVO REAL cuento de Any Carmona

INTRODUCCIÓN:


Había una vez en un país llamado Lágrima, en aquellos años feudales de caudillos y damas antiguas, una muchachita que era llamada Princesa de las Pampas. Vivía con su padre en una gran propiedad, una casona colonial que se erigía en medio de un extenso bosque donde corrían varios arroyos y donde una gran variedad de especies de animales y plantas, surcaban su suelo.
La princesita se llamaba Cándida y su padre era nada menos que el Gobernador Antonio Cabeza de Vaca. Un señor bastante temido por todos debido a su arrogancia y autoritarismo. Había ordenado, entre otras cosas que su hija no saliera del palacio sin su autorización ya que pensaba que en la gran casona no debía faltar nada y que todo lo que necesitara su niña debía serle traído desde el mercado o desde el exterior, si fuera necesario
Formaban la corte de la Princesa Cándida, varias jóvenes hijas de otros señores de la Pampa que por ser tan amigas de la Niña, habían sido asignadas a su servicio de compañía. Así las señoritas Azucena Baldazarre, María de las Mercedes Gutiérrez y León, Camila Barrotaveña y Mirian Calderón, se hicieron asiduas huéspedes del Palacio y se dedicaron a “entretener” a la Princesa Cándida Cabeza de Vaca.
El castillo del Gobernador Señor de las Pampas, estaba bordeado por caseríos en donde vivían todos los sirvientes, formando una verdadera ciudadela en medio del bosque.
Era sabido que ese gran castillo estaba encantado debido a muchas cosas que venían sucediendo desde tiempo atrás. Porque desde que la Señora, madre de la Niña había caído enferma y recluida en el torreón, una curandera y hechicera llamada Juana, venía todos los días a atenderla y era ella quien había lanzado un conjuro hacia el lugar. Los sirvientes no sabían qué pensar porque las desgracias caían una tras otra sobre la casona y nada de lo que pudieran hacer ellos, hacía que dejaran de suceder tales hechos.


CAPÍTULO I: Como estatuas de hielo


El siguiente hecho sucedió en el año que llegó el invierno e hizo tanto frío que toda la leña de la comarca no alcanzó para proveer a la casona de calor. La princesita tenía dieciseis años de edad.
Justo en ese momento el Gobernador estaba muy ocupado haciendo planes para instalar todas las comodidades que existían en la época pero no llegó a tiempo de calentar su residencia.
Una mañana Cándida se despertó muerta de frío. Miró hacia la ventana y vio que el vidrio estaba escarchado a pesar de contar con una cortina gruesa que lo tapaba por fuera.

- ¡Padre, padre!...¡Tengo frío!...¿Qué sucede, es que no hay leña?...¡María, ven pronto! – Llamó la Niña a su padre y a su criada.
La criada acudió a verla y ya estaba ella misma envuelta con un manto muy grande de lana de oveja que le tapaba las orejas y la boca.

- Hoy ha amanecido gélido y no alcanza la leña para luchar contra tanto frío – Dijo María trayendo varias mantas para tapar a Cándida.
- ¡Grrrrrrrrrrrr!...no puedo más del frío - Dijo la niña y se acurrucó nuevamente en su cama debajo de una montaña de frazadas.


Miraron afuera y vieron que todo estaba congelado, petrificado por el frío. Poco a poco comenzaron a congelarse los arroyos, los árboles y las flores. Las personas quedaron hechas estatuas de hielo y solo dentro del palacio sus habitantes pudieron mantenerse con vida gracias a las carretadas de leña que llegaban de todos lados por orden del Gobernador Cabeza de Vaca. La Niña Cándida tuvo que vestirse con vestidos de fieltro y andar por la casa con guantes, gorro y bufanda y sus amigas decidieron volver a sus hogares hasta que pasara el invierno. Porque afuera del bosque el clima era mucho más benigno y si bien hacía frío, era soportable. Cándida se sentía igual que una escultura de hielo o una muñeca de nieve. Fue allí cuando comprendieron que eran víctimas de un hechizo y que debían hacer algo para deshacer ese mal.

El Señor de las Pampas mandó llamar a un duende del bosque, famoso por luchar contra conjuros, hechizos, maleficios y otras yerbas. Era el Petiso o Duende de luz, quien acudió luego de asegurarse bien que sería muy bien tratado por la gente del lugar. Como era un duende bueno ayudó al Gobernador y a su hija. Saltando aquí y allá y tocando con una vara de madera cada rincón, levantó el maleficio que había caído sobre la casona, la estancia y el bosque. Se derritieron los hielos. Revivió la gente y la Naturaleza se despertó.
He aquí la historia del primer gran desastre que aconteció en las Pampas del País Lágrima. Porque hubo muchos más, lamentablemente...



(Continuará)

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL DUENDE DORADO por Julia del Prado


El duende Dorado se ha posado en las hojas de este otoño y con suavidad toma en sus manos tres claveles blancos de la laguna azul, desde donde contempla su imagen traviesa.

Se bailaba una rumba dorada alrededor de la laguna de los milagros que la animaba con gracia y elocuencia Zimpa, el duende. Justo en ese momento asoma en su espejo de agua tres hojillas blancas que al compás de la música se convierten en tres gráciles danzarinas, luego aparece en el firmamento Anita, la hada madrina y con su varita mágica las convierte en tres cisnes que desde entonces hacen la delicia de los visitantes.



Julia del Prado (Perú)

MI GATITA LUNA























Mi gatita Luna
tenía ojos de tigresa.
Plateados y negros
en un iris profundo.
Me miraba muy fijo
encaramada en la reja
movía su cola
y observaba el mundo.


La llamamos Luna
porque estaba distante,
porque era gris moteada
como una luna apagada.
Porque dormía arriba
sobre un gran estante.


Se acomodaba mi gata
sobre alguna silla.
Pesada e inmóvil,
parecía una estatua.
Dormía y ronroneaba
casi toda la tarde
solo se levantaba
cuando tenía hambre.


Luna era sensual
en su suave traje.
Era gorda y glotona
y muy cariñosa.
Buscaba la estufa
cerca del calor.
Parecía un peluche
o un almohadón.


Micha, Michina,
Lunita querida.
Elegiste un día
vivir en otra casa.
Nos dijiste adiós
con tu fina mirada.
Siempre te recuerdo,
Pelota de terciopelo,
te quedaste dormida
y aún estás en mi silla.


ANY CARMONA

miércoles, 10 de noviembre de 2010

EL PRINCIPITO por Antoine de Saint Exuperí - Capítulos XII, XIII y XIV (Para niños y jóvenes desde 10 años)

El siguiente planeta estaba habitado por un bebedor. Esa visita fue muy corta, pero hundió al principito en una gran melancolía:

- Qué haces ahí ? – le dijo al bebedor, que encontró instalado en silencio ante una colección de botellas vacías y una colección de botellas llenas.
- Bebo – respondió el bebedor, con aire lúgubre.
- Por qué bebes ? – le preguntó el principito.
- Para olvidar – respondió el bebedor.
- Para olvidar qué ? – inquirió el principito, que ya lo compadecía.
- Para olvidar que tengo vergüenza – confesó el bebedor bajando la cabeza.
-  Vergüenza de qué ? – se informó el principito, que deseaba socorrerlo.
- Vergüenza de beber ! – concluyó el bebedor que se encerró definitivamente en el silencio.
Y el principito se fue, perplejo.
Los adultos son decididamente muy pero muy extraños, se decía a sí mismo durante el viaje.

Capítulo XIII:


El cuarto planeta era el del hombre de negocios. Estaba tan ocupado que ni siquiera levantó la cabeza cuando llegó el principito.
- Buen día – le dijo éste. – Su cigarrillo está apagado.
- Tres y dos son cinco. Cinco y siete doce. Doce y tres quince. Buenos días. Quince y siete veintidós. Veintidós y seis veintiocho. No tengo tiempo de volver a encenderlo. Veintiséis y cinco treinta y uno. Uf! Eso da entonces quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno.
- Quinientos millones de qué ?
- Eh? Todavía estás ahí ? Quinientos un millones de... ya no sé... Tengo tanto trabajo ! Yo soy un hombre serio, no me entretengo con tonterías ! Dos y cinco siete...
- Quinientos un millones de qué – repitió el principito, que nunca jamás había renunciado a una pregunta una vez que la había formulado.
El hombre levantó la cabeza:
- Desde hace cincuenta y cuatro años que habito este planeta, no fui perturbado más que tres veces. La primera vez fue, hace veintidós años, por un abejorro que había caído de Dios sabe dónde. Producía un ruido espantoso, y cometí cuatro errores en una suma. La segunda vez fue, hace once años, por una crisis de reumatismo. Me falta ejercicio. No tengo tiempo de pasear. Soy una persona seria. La tercera vez... es esta ! Decía entonces quinientos un millones...
- Millones de qué ?
El hombre de negocios comprendió que no había ninguna esperanza de paz:
- Millones de esas pequeñas cosas que se ven a veces en el cielo.
- Moscas ?
- Pero no, de esas pequeñas cosas que brillan.
- Abejas ?
- Pero no. De esas pequeñas cosas doradas que hacen soñar a los holgazanes. Pero yo soy una persona seria ! No tengo tiempo para ensoñaciones.
- Ah! estrellas ?
- Sí, eso. Estrellas.
- Y qué haces con quinientos millones de estrellas ?
- Quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno. Yo soy un hombre serio, soy preciso.
- Y qué haces con esas estrellas ?
- Qué hago con ellas ?
- Sí.
- Nada. Las poseo.
- Posees las estrellas ?
- Sí.
- Pero yo ya he visto un rey que...
- Los reyes no poseen, "reinan" sobre. Es muy diferente.
- Y para qué te sirve poseer las estrellas ?
- Me sirve para ser rico.
- Y para qué te sirve ser rico ?
- Para comprar más estrellas, si alguien encuentra.
Éste, se dijo el principito, razona un poco como mi borracho.
Sin embargo, siguió preguntando:
- Cómo se puede poseer las estrellas ?
- De quién son ? - replicó, gruñón, el hombre de negocios.
- Qué sé yo. De nadie.
- Entonces son mías, porque se me ocurrió primero.
- Es suficiente ?
- Desde luego. Cuando encuentras un diamante que no es de nadie, es tuyo. Cuando encuentras una isla que no es de nadie, es tuya. Cuando eres el primero en tener una idea, la haces patentar: es tuya. Y yo poseo las estrellas, puesto que nunca nadie antes que yo pensó en poseerlas.
- Eso es verdad – dijo el principito. – Y qué haces con ellas ?
- Las administro. Las cuento y las recuento – dijo el hombre. – Es difícil. Pero yo soy una persona seria !
El principito no estaba aún satisfecho.
- Yo, si poseo un pañuelo, puedo ponérmelo alrededor del cuello y llevarlo. Yo, si poseo una flor, puedo recogerla y llevarla. Pero tú no puedes recoger las estrellas !
- No, pero puedo invertirlas en el banco.
- Qué significa eso ?
- Significa que anoto en un papelito la cantidad que tengo de estrellas. Y luego guardo ese papel en un cajón con llave.
- Y eso es todo ?
- Con eso basta !
Es divertido, pensó el principito. Es bastante poético. Pero no es muy serio.
El principito tenía sobre las cosas serias ideas muy diferentes a las de los adultos.
- Yo – agregó – poseo una flor que riego todos los días. Poseo tres volcanes que deshollino todas las semanas. Porque deshollino también el que está apagado. Nunca se sabe. Es útil para mis volcanes, y es útil para mi flor, que yo los posea. Pero tú no eres útil para las estrellas.
El hombre de negocios abrió la boca pero no encontró nada para responder, y el principito se fue.
Los adultos son decididamente muy extraordinarios, se decía simplemente a sí mismo durante el viaje.

Capítulo XIV:


El quinto planeta era muy curioso. Era el más pequeño de todos. Había en él justo el lugar necesario para alojar un farol y un farolero. El principito no lograba explicarse para qué podían servir, en algún lugar del cielo, en un planeta sin casa ni población, un farol y un farolero. Sin embargo se dijo a sí mismo:

"Posiblemente este hombre es absurdo. Sin embargo es menos absurdo que el rey, que el vanidoso, que el hombre de negocios y que el bebedor. Al menos, su trabajo tiene un sentido. Cuando enciende su farol, es como si hiciera nacer una estrella más, o una flor. Cuando apaga su farol, se duermen la flor o la estrella. Es una ocupación muy linda. Es verdaderamente útil porque es linda."
Cuando abordó el planeta saludó respetuosamente al farolero:
- Buenos días. Por qué apagaste recién tu farol ?
- Es la consigna – respondió el farolero – Buenos días.
- Qué es la consigna ?
- Apagar mi farol. Buenas noches.
Y volvió a prenderlo.
- Pero por qué volviste a prenderlo ?
- Es la consigna – respondió el farolero.
- No comprendo – dijo el principito.
- No hay nada que comprender – dijo el farolero. – La consigna es la consigna. Buenos días.
Y apagó su farol.
A continuación se secó la frente con un pañuelo a cuadros rojos.
- Tengo un oficio terrible. Antes sí era razonable. Apagaba a la mañana y encendía a la noche. Tenía el resto del día para reposarme, y el resto de la noche para dormir...
- Y desde esa época, la consigna cambió ?
- La consigna no cambió – dijo el farolero. – Ésa es la desgracia ! El planeta fue girando de año en año cada vez más rápido, y la consigna no cambió !
- Y entonces ? – dijo el principito.
- Entonces, ahora que da una vuelta por minuto no tengo ni un segundo de reposo. Prendo y apago una vez por minuto !
- Tiene gracia ! Los días acá duran un minuto !
- No tiene ninguna gracia – dijo el farolero. – Hace ya un mes que estamos conversando.
-Un mes ?
- Sí. Treinta minutos. Treinta días ! Buenas noches.
- Y volvió a encender su farol.
El principito lo miró y se sintió cautivado por ese farolero que era tan fiel a la consigna. Recordó las puestas de sol que él mismo iba antes a buscar, corriendo su silla. Quiso ayudar a su amigo:
- Sabes... conozco una manera de descansar cuando tú quieras...
- Siempre quiero – dijo el farolero.
Porque se puede ser fiel y perezoso al mismo tiempo.
El principito prosiguió:
- Tu planeta es tan pequeño que puedes darle la vuelta en tres zancadas. No tienes más que caminar bien lentamente para permanecer siempre al sol. Cuando quieras descansar, caminarás... y el día durará tanto como lo desees.
- Eso no es un gran avance – dijo el farolero. - Lo que me gusta en la vida es dormir.
- Es una lástima – dijo el principito.
- Es una lástima – dijo el farolero. Buenos días.
Y apagó su farol.
"Ése – se dijo el principito mientras proseguía su viaje – ése sería despreciado por todos los otros: por el rey, por el vanidoso, por el bebedor, por el hombre de negocios. Sin embargo, es el único que no me parece ridículo. Es, quizá, porque se ocupa de algo más que de sí mismo."
Suspiró con tristeza y se dijo además:
"Ése es el único que podría haber sido mi amigo. Pero su planeta es, a decir verdad, demasiado pequeño. No hay en él lugar para dos..."
Lo que el principito no se atrevía a confesarse, es que extrañaba ese planeta bendito debido, principalmente, a las mil cuatrocientos cuarenta puestas de sol por cada veinticuatro horas !

(Continuará)

martes, 9 de noviembre de 2010

LA RANITA (II) por Manuel Cubero Urbano
















Anoche la vi escondida
en la orillita del mar.
Tiene la mirada hundida
Y no deja de llorar.

-¿Por qué llora mi ranita?
-Es que no puedo saltar,
pues me falta una patita
que un sapo me fue a arrancar.

No me llores amiguita
que yo te la iré a buscar,
y al sapo, de mañanita,
yo se la he de quitar.

Para que corras y saltes…
y no pares de cantar.
Que la charca, sin tu canto,
Muy triste se quedará.

MANUEL CUBERO URBANO

LA RANITA (I) por Manuel Cubero Urbano


















En la orillita del río
anoche la oí llorar:
era una pobre ranita.
-Croac, croac, croac.

Yo a su lado me acerqué,
pues la quise consolar,
y ella, sólo respondía:
-¡Croac, croac, croac!

-¿Por qué lloras? -le pregunto.
-No pararé de llorar
hasta que el agua del río
croac, croac, croac.

-Hasta que el agua del río,
sea salada como el mar,
y en ella ahogue mis penas,
croac, croac, croac…

Como silencio guardé,
ella contempló mi cara,
y al verme triste me dijo:
-¿Croac, croac, croac?

Quien escucha a sus vecinos
Algo bueno tiene ya.
Por eso voy a repetirte:
Croac, croac, croac.

-¿Qué me dices tú, ranita?
¡Ay, qué alegría me das!
¡Que ya somos amiguitos!
Croac, croac, croac.

Y todos los que nos lean
Que aprendan esta lección:
Escuchar a quien nos habla
Es de buena educación.
Cronch, cronch, cronch, cronch.


MANUEL CUBERO URBANO

domingo, 31 de octubre de 2010

ÁLAMO BLANCO por Juan Ramón Jiménez























Arriba canta el pájaro y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo, se me abre el alma.)

Entre dos melodías la columna de plata.
Hoja, pájaro, estrella; baja flor, raíz, agua.
Entre dos conmociones la columna de plata.
(Y tú, tronco ideal, entre mi alma y mi alma.)

Mece a la estrella el trino, la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba, me tiembla el alma.).


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

SOL DE INVIERNO por Antonio Machado
















Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.

Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.

Un viejecillo dice
para su capa vieja:
"¡El sol, esta hermosura
de sol...!" Los niños juegan.

El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.


ANTONIO MACHADO

sábado, 30 de octubre de 2010

NOCHE DE PAZ Y AMOR


El cielo está muy negro,
salpicado de puntos blancos.
La luna está sonriente
empolvada de luz brillante.
Bebés adormecidos
en sus calientes cunitas,
chupetes de golosina,
manitos de muselina.

Así es la noche infantil
desperezada y quieta.
Con seguros y mamaderas
en los barrios de Babel.
Noche de paz,
noche de dulces sueños,
prometedores futuros
en decorados de papel.

Pero en las orillas bajas
hay pequeños friolentos
de pancitas muy hinchadas
y piecitos de carbón.
Negritos como la noche,
dormidos en larga espera.
Pulgarcitos en almendras
que no podrán florecer.

La luna los mira triste
cierra sus ojos de maga.
La noche recién despierta
y las estrellas molestas.
¿Qué puede hacer el Cielo
para repartir riqueza?
¿Cómo no desviar su mirada
al océano de la nada?

Bastará con la justicia,
el amor, la valentía.
El trabajo caritativo
sin indiferencia ni olvido.
Y si ves a todos los astros
titilando en el firmamento,
son sus ojos que abren y cierran
complacidos y contentos.

¡Noche de Paz,
noche de Amor!


ANY CARMONA


sábado, 23 de octubre de 2010

JUAN SALVADOR GAVIOTA por Richard Bach (Para niños y jóvenes desde 10 años)

Capitulo VI


Juan estaba maravillado. Se olvidó de preguntar por el cielo.
-¿Cómo lo haces? ¿Qué se siente al hacerlo? ¿A qué distancia puedes llegar?
-Puedes ir al lugar y al tiempo que desees -dijo el Mayor-. Yo he ido donde y cuando he querido. -Miró hacia el mar-. Es extraño. Las gaviotas que desprecian la perfección por el gusto de viajar, no llegan a ninguna parte, y lo hacen lentamente. Las que se olvidan de viajar por alcanzar la perfección, llegan a todas partes, y al instante.
Recuerda, Juan, el cielo no es un lugar ni un tiempo, porque el lugar y el tiempo poco significan. El cielo es...

 - ¿Me puedes enseñar a volar asi? -Juan Gaviota temblaba ante la conquista de otro desafío.

-Por supuesto, si es que quieres aprender.
-Quiero. ¿Cuándo podemos empezar?
-Podríamos empezar ahora, si lo deseas.
-Quiero aprender a volar de esa manera -dijo Juan, y una luz extraña brilló en sus ojos-. Dime qué hay que hacer.
Chiang habló con lentitud, observando a la joven gaviota muy cuidadosamente.
-Para volar tan rápido como el pensamiento y a cualquier sitio que exista -dijo-, debes empezar por saber que ya has llegado...
El secreto, según Chiang, consistía en que Juan dejase de verse a sí mismo como prisionero de un cuerpo limitado, con una envergadura de ciento cuatro centímetros y un rendimiento susceptible de programación. El secreto era saber que su verdadera naturaleza vivía, con la perfección de un número no escrito, simultáneamente en cualquier lugar del espacio y del tiempo.
Juan se dedicó a ello con ferocidad, día tras día, desde el amanecer hasta después de la medianoche. Y a pesar de todo su esfuerzo no logró moverse ni un milímetro del sitio donde se encontraba.



-¡Olvídate de la fe! -le decía Chiang una y otra vez-. Tú no necesitaste fe para volar, lo que necesitaste fue comprender lo que era el vuelo. Esto es exactamente lo mismo. Ahora intentalo otra vez...

Así un día, Juan, de pie en la playa, cerrado los ojos, concentrado, como un relámpago comprendió de pronto lo que Chiang habíale estado diciendo.
-¡Pero si es verdad! ¡Soy una gaviota perfecta y sin limitaciones! -Y se estremeció de alegría.
-¡Bien! -dijo Chiang, y hubo un tono de triunfo en su voz.


Juan abrió sus ojos. Quedó solo con el Mayor en una playa completamente distinta; los árboles llegaban hasta el borde mismo del agua, dos soles gemelos y amarillos giraban en lo alto.
-Por fin has captado la idea -dijo Chiang-, pero tu control necesita algo mas de trabajo...
Juan se quedó pasmado.
-¿Dónde estamos?
En absoluto impresionado por el extraño paraje, el Mayor ignoró la pregunta.

-Es obvio que estamos en un planeta que tiene un cielo verde y una estrella doble por sol.
Juan lanzó un grito de alegría, el primer sonido que haba pronunciado desde que dejara la Tierra:
-¡RESULTO!
-Bueno, claro que resultó, Juan. Siempre resulta cuando se sabe lo que se hace. Y ahora, volviendo al tema de tu control... Cuando volvieron, había anochecido. Las otras gaviotas, miraron a Juan con reverencia en sus ojos dorados, porque le habían visto desaparecer de donde había estado plantado por tanto tiempo.
Aguantó sus felicitaciones durante menos de un minuto.
-Soy nuevo aqui. Acabo de empezar. Soy yo quien debe aprender de vosotros.
-Me pregunto si eso es cierto, Juan -dijo Rafael, de pie cerca de él-. En diez mil años no he visto una gaviota con menos miedo de aprender que tú. -La Bandada se quedó en silencio, y Juan hizo un gesto de turbación.
-Si quieres, podemos empezar a trabajar con el tiempo -dijo Chiang-, hasta que logres volar por el pasado y el futuro. Y entonces, estarás preparado para empezar lo más difícil, lo más colosal, lo más divertido de todo. Estarás preparado para subir y comprender el significado de la bondad y el amor.
Pasó un mes, o algo que pareció un mes, y Juan aprendía con tremenda rapidez. Siempre había sido veloz para aprender lo que la experiencia normal tenía para enseñarle, y ahora, como alumno especial del Mayor en Persona, asimiló las nuevas ideas como si hubiera sido una supercomputadora de plumas.
Pero al fin llegó el día en que Chiang desapareció. Había estado hablando calladamente con todos ellos, exhortándoles a que nunca dejaran de aprender y de practicar y de esforzarse por comprender más acerca del perfecto e invisible principio de toda vida. Entonces, mientras hablaba, sus plumas se hicieron más y más resplandecientes hasta que al fin brillaron de tal manera que ninguna gaviota pudo mirarle.
-Juan -dijo, y estas fueron las últimas palabras que pronunció-, sigue trabajando en el amor.
Cuando pudieron ver otra vez, Chiang había desaparecido.

(Continuará)