El libro es nuestro amigo

El libro es nuestro amigo
El libro es nuestro amigo. Cuando un niño o un adolescente leen tiene la posibilidad de asomarse a mundos inusitados

El valor de las letras

Cuando un niño o un adolescente lee, vuela con su imaginación al infinito. Las letras nos hacen cabalgar sobre mundos extraordinarios, ser princesas entre castillos de ensueño, héroes salvadores de la humanidad o alegres saltamontes rodeados de mariposas y ráfagas de brisas primaverales. Podemos elevarnos con la quilla de algún barco pirata, saltar de una nave hacia el espacio sideral o cruzar la puerta de la realidad hacia sitios fantásticos. La literatura es magia para nuestra primera infancia tanto como aventura en la adolescencia o pasión en la juventud. Los cuentos, poemas y relatos son las alas del alma.

¡Como Alicia en el País de las Maravillas...pasemos juntos del otro lado!


Any Carmona

sábado, 28 de agosto de 2010

Sueños albicelestes


Fuimos a Sudáfrica,
bañados en esperanzas,
liderados por el rey
que nos prometió reinar.

Con equipo de talentos
nos hicimos a la cancha
y en los primeros partidos
los vimos descollar.

¡Argentina, Argentina!
Gritaban los nenes a coro.
Con banderas albicelestes
festejaban de alegría.

Esta vez sí que ganamos
- decían en la escuela -
este Mundial lo sumamos
porque tenemos al capo.

Pero el héroe de bronce
pronto se hizo de barro
y como hombre con errores,
bajó de su pedestal.

Los próceres son humanos.
Tienen alma como todos.
No son para nada perfectos,
sino que tienen defectos.

¡Bravo, bravo argentinos!
Lo bueno es que competimos
y de la mano de los sueños,
la próxima vez jugaremos.


ANY CARMONA

El príncipe enamorado



















Había una vez
en un castillo encantado,
un príncipe azul
que estaba enamorado.

Todos los días subía
a la torre del palacio
y suspirando moría
por ver a su amada.

Desde allí muchas cartas
escribía con su pluma
y con lágrimas de mar,
corazones dibujaba.

Pobre alma desolada,
su novia no lo sabía.
Ella estaba embrujada,
convertida en mariposa.

¡Pastorcita de mi valle
enciende pronto tu llama
que este príncipe valiente
en su mirador te espera!

De tristeza nuestro joven
cayó enfermo y postrado,
cada día le cantaba
una noble serenata.

Desahuciado y debilucho,
revivió una tarde cualquiera
cuando sus labios besó,
una frágil mariposa.


ANY CARMONA

viernes, 27 de agosto de 2010

DOS CUENTOS de Hermann Hesse (Para jóvenes desde 13 años)

PARABOLA CHINA
Hermann Hesse



Un anciano llamado Chunglang, que quiere decir «Maese La Roca», tenía una pequeña propiedad en la montaña. Sucedió cierto día que se le escapó uno de sus caballos y los vecinos se acercaron a manifestarle su condolencia.
Sin embargo el anciano replicó:
-¡Quién sabe si eso ha sido una desgracia!
Y hete aquí que varios días después el caballo regresó, y traía consigo toda una manada de caballos cimarrones. De nuevo se presentaron los vecinos y lo felicitaron por su buena suerte.
Pero el viejo de la montaña les dijo:
-¡Quién sabe si eso ha sido un suceso afortunado!
Como tenían tantos caballos, el hijo del anciano se aficionó a montarlos, pero un día se cayó y se rompió una pierna. Otra vez los vecinos fueron a darle el pésame, y nuevamente les replicó el viejo:
-¡Quién sabe si eso ha sido una desgracia!
Al año siguiente se presentaron en la montaña los comisionados de «los Varas Largas». Reclutaban jóvenes fuertes para mensajeros del emperador y para llevar su litera. Al hijo del anciano, que todavía estaba impedido de la pierna, no se lo llevaron.

Chunglang sonreía.


LA FABULA DE LOS CIEGOS
Hermann Hesse


Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñas cuestiones se resolvían por mayoría simple, sacándolas a votación. Con el sentido del tacto sabían distinguir las monedas de cobre y las de plata, y nunca se dio el caso de que ninguno de ellos confundiese el vino de Mosela con el de Borgoña. Tenían el olfato mucho más sensible que el de sus vecinos videntes. Acerca de los cuatro sentidos consiguieron establecer brillantes razonamientos, es decir que sabían de ellos cuanto hay que saber, y de esta manera vivían tranquilos y felices en la medida en que tal cosa sea posible para unos ciegos.
Por desgracia sucedió entonces que uno de sus maestros manifestó la pretensión de saber algo concreto acerca del sentido de la vista. Pronunció discursos, agitó cuanto pudo, ganó seguidores y por último consiguió hacerse nombrar principal del gremio de los ciegos. Sentaba cátedra sobre el mundo de los colores, y desde entonces todo empezó a salir mal.
Este primer dictador de los ciegos empezó por crear un círculo restringido de consejeros, mediante lo cual se adueñó de todas las limosnas. A partir de entonces nadie pudo oponérsele, y sentenció que la indumentaria de todos los ciegos era blanca. Ellos lo creyeron y hablaban mucho de sus hermosas ropas blancas, aunque ninguno de ellos las llevaba de tal color. De modo que el mundo se burlaba de ellos, por lo que se quejaron al dictador. Éste los recibió de muy mal talante, los trató de innovadores, de libertinos y de rebeldes que adoptaban las necias opiniones de las gentes que tenían vista. Eran rebeldes porque, caso inaudito, se atrevían a dudar de la infalibilidad de su jefe. Esta cuestión suscitó la aparición de dos partidos.
Para sosegar los ánimos, el sumo príncipe de los ciegos lanzó un nuevo edicto, que declaraba que la vestimenta de los ciegos era roja. Pero esto tampoco resultó cierto; ningún ciego llevaba prendas de color rojo. Las mofas arreciaron y la comunidad de los ciegos estaba cada vez más quejosa. El jefe montó en cólera, y los demás también. La batalla duró largo tiempo y no hubo paz hasta que los ciegos tomaron la decisión de suspender provisionalmente todo juicio acerca de los colores.
Un sordo que leyó este cuento admitió que el error de los ciegos había consistido en atreverse a opinar sobre colores. Por su parte, sin embargo, siguió firmemente convencido de que los sordos eran las únicas personas autorizadas a opinar en materia de música.

miércoles, 25 de agosto de 2010

BLANCA, NIEVE Y SUS AMIGOS por Any Carmona - (Para niños desde 6 años)

Capítulo IV: Travesuras

Luego de dos meses nacieron dos gatitas de angora blancas como su mamá, llamadas Pelusa y Mota y un gatito llamado Leoni, de pelaje atigrado y muy suave como su papá. Los tres hermanitos se convirtieron en los mimados de los demás animales de la casa: Joel, un perro simpático, lanudo de orejas caídas, Cocota, la gallina ponedora del gallinero con sus pollitos y Tictac, el gallo despertador.

A ellos se sumaron los amigos de la barra de siempre, formando un buen grupo.
Pronto comenzó el invierno y todo volvió a la normalidad. Ya no se reunían en la escuelita de verano y la atención se centró en los tres pequeños que había que cuidar. De los hermanitos, Pelusa era la más traviesa y siempre salía sin permiso a explorar territorios cercanos, a pesar de que su mamá se lo había prohibido.
- Tengan mucho cuidado mis pompones, no se alejen de la casa que afuera hay peligro. Sobre todo tú, Pelusa, pórtate bien y no te vayas más allá de la línea de naranjos ¿Me han entendido?
- Siiiiiii, Mami, descuida, no nos alejaremos – contestaron los tres hermanitos en coro.
Pero Pelusa no pudo con su genio y una tarde en que estaba jugando vio a los pollitos de Cocota que comían miguitas cerca del gallinero. Se acercó y les comenzó a hablar.

- Hola pequeñitos ¿Cómo se llaman?
- Pi, Pi, Pi – dijeron los chiquitines.
- ¿Todos se llaman igual? – dijo Pelusa
- Piiiiiiiiiii – comenzó a llorar uno.
- ¡Ah, ya entiendo, es que todavía no saben hablar – dedujo la gatita – Bueno, adiós, me voy a explorar que quiero ver qué hay mucho más allá.
Y Pelusa siguió caminando por el sendero que bajaba hacia la salida de la casa. Caminó y caminó hasta que llegó a la acequia. Pasó por el puente y vio a unos ratoncitos que tenían su madriguera justo debajo del mismo. Se acercó y le preguntó a uno de ellos:

- ¿Falta mucho para llegar al arroyo?
- No… ¿Es que acaso no oyes el ruido del agua?
- Sí, claro, siempre oigo ese ruido desde mi casa y lo único que deseo es ver el agua.
- Sigue hacia el norte y verás un hermoso riacho bordeado de rocas – le indicó el ratoncito señalando hacia el arroyo. Pelusa continuó su viaje muy entuciasmada.


Mientras tanto, en la casa, cuando pasaron un par de horas, Nieve pudo advertir que faltaba una de sus hijitas. Comenzó a maullar muy asustada, con la esperanza de que la escuchara. Pero nada. Pronto se le unieron Blanca, Jerónimo y los demás.
- ¿Qué pasa, qué sucede? – preguntó su esposo, el gato.
- ¡Pelusita ha desaparecido! Por favor ayúdenme a encontrarla – dijo la gata desesperada.
- No te preocupes, Nieve – afirmó el gato muy decidido – Yo organizaré una búsqueda con mis amigos los demás gatos de la zona. Ya verás que la encontraremos.
Pero la gatita traviesa estaba merodeando por el arroyo, en una zona de piedras que había cerca de la cascada. Saltaba, olía florcitas y miraba caer el sol atrás del horizonte. Y de tanto estar distraída con bellos objetos desconocidos, pisó mal en uno de sus saltos y cayó en un pozo entre las piedras.
- ¡Uy, mi cabecita! – gritó Pelusa - ¡Auxilio que caí en un hueco!... ¿y ahora cómo salgo de aquí? - Pero nadie la oyó. El ruido del arroyo hizo imposible que su tenue aullido se hiciera sentir a los oídos de su papá y los demás.


Oscureció en el campo y Pelusa en el pozo. Comenzaba a sentir miedo, frío y hambre…Aunque tenía ganas de llorar no lo hizo, se quedó quietita pensando: “Se que mi papi pronto me encontrará” …Y se quedó dormida.

(Continuará)

lunes, 23 de agosto de 2010

DOS PEQUEÑOS CUENTOS de Franz Kafka - (Para jóvenes desde 13 años)

UNA PEQUEÑA FABULA
Franz Kafka

¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.
-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.




LA PARTIDA
Franz Kafka

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó:
-¿Adónde va el patrón?
-No lo sé -le dije- simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta.
-¿Así que usted conoce su meta? -preguntó.
-Sí -repliqué- te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta.

El Principito por Antoine de Saint Exuperí - Capítulo VIII (Para niños y jóvenes desde 10 años)

Aprendí bien pronto a conocer mejor esta flor. Siempre había habido en el planeta del principito flores muy simples adornadas con una sola fila de pétalos que apenas ocupaban sitio y a nadie molestaban. Aparecían entre la hierba una mañana y por la tarde se extinguían. Pero aquella había germinado un día de una semilla llegada de quién sabe dónde, y el principito había vigilado cuidadosamente desde el primer día aquella ramita tan diferente de las que él conocía. Podía ser una nueva especie de baobab. Pero el arbusto cesó pronto de crecer y comenzó a echar su flor. El principito observó el crecimiento de un enorme capullo y tenía le convencimiento de que habría de salir de allí una aparición milagrosa; pero la flor no acababa de preparar su belleza al abrigo de su envoltura verde. Elegía con cuidado sus colores, se vestía lentamente y se ajustaba uno a uno sus pétalos. No quería salir ya ajada como las amapolas; quería aparecer en todo el esplendor de su belleza. ¡Ah, era muy coqueta aquella flor! Su misteriosa preparación duraba días y días. Hasta que una mañana, precisamente al salir el sol se mostró espléndida.
La flor, que había trabajado con tanta precisión, dijo bostezando:
-¡Ah, perdóname… apenas acabo de despertarme… estoy toda despeinada…!
El principito no pudo contener su admiración:
-¡Qué hermosa eres!
-¿Verdad? -respondió dulcemente la flor-. He nacido al mismo tiempo que el sol. El principito adivinó exactamente que ella no era muy modesta ciertamente, pero ¡era tan conmovedora!
-Me parece que ya es hora de desayunar - añadió la flor -; si tuvieras la bondad de pensar un poco en mí...
Y el principito, muy confuso, habiendo ido a buscar una regadera la roció abundantemente con agua fresca.
Y así, ella lo había atormentado con su vanidad un poco sombría. Un día, por ejemplo, hablando de sus cuatro espinas, dijo al principito:
-¡Ya pueden venir los tigres, con sus garras!
-No hay tigres en mi planeta -observó el principito- y, además, los tigres no comen hierba.
-Yo no soy una hierba -respondió dulcemente la flor.
-Perdóname...
-No temo a los tigres, pero tengo miedo a las corrientes de aire. ¿No tendrás un biombo?
"Miedo a las corrientes de aire no es una suerte para una planta -pensó el principito-. Esta flor es demasiado complicada…"
-Por la noche me cubrirás con un fanal… hace mucho frío en tu tierra. No se está muy a gusto; allá de donde yo vengo…
La flor se interrumpió; había llegado allí en forma de semilla y no era posible que conociera otros mundos. Humillada por haberse dejado sorprender inventando un mentira tan ingenua, tosió dos o tres veces para atraerse la simpatía del principito.
-¿Y el biombo?
-Iba a buscarlo, pero como no dejabas de hablarme…
Insistió en su tos para darle al menos remordimientos.
De esta manera el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, había llegado a dudar de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía desgraciado.
"Yo no debía hacerle caso -me confesó un día el principito- nunca hay que hacer caso a las flores, basta con mirarlas y olerlas. Mi flor embalsamaba el planeta, pero yo no sabía gozar con eso… Aquella historia de garra y tigres que tanto me molestó, hubiera debido enternecerme".
Y me contó todavía:
"¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla".

(Continuará)

miércoles, 18 de agosto de 2010

Mi perrita Pancha


Pancha es mi perrita regalona.
Es color de almendras su pelaje
moteado en copos de azúcar blancos.
Suave y pequeña como un osito.

Sus dulces ojos como canicas negras
un poco velados por la catarata,
me miran fijo cuando quieren algo
destilando amor siempre que me acerco.

Pancha es muy dormilona.
En su cuchita pasa casi todo el día.
Lame sus patas, roe su hueso
y sale a pasear contenta a la placita.

Mameluky le digo de cariño,
Cuquita como segundo nombre.
Obediente y leal es mi  mascota,
compañera fiel de todos mis destinos.

Ya está viejita y se queda a mi lado,
me sigue siempre cuando estoy en casa.
Me lame la mano cuando la acaricio
y ladra muy fuerte si no la entiendo.

Pancha, Panchita, Pichichita,
botón de oro, tierna florcita
¡Quédate por siempre en tu rincón
porque en mi alma
ya te has acurrucado!


ANY CARMONA

martes, 17 de agosto de 2010

Los saltimbanquis clon


¡Pirimpimpín,
Pirimpimpón!
Dan su función los payasos
del Gran Circo de Moscú.
Son el alto y el bajo,
los Hermanos Pisotón.

Cuando el circo está en silencio
aparecen bajo haces de luz,
bañados de humo violeta
y melodías en claves de sol.
Son los risueños payasos
que inician su actuación.

Pirimpimpín es el más alto
de los saltimbanquis clon.
Tiene la cara muy blanca
con lágrimas de arroz.
Es quien lleva la batuta
en el ruedo del plató.

Pirimpimpón es el enano
de enormes pies sin talón.
Con un sombrero de plumas
y un sonajero de nuez.
Canta, baila, hace piruetas
y siempre es el más glotón.

Los niños están expectantes.
Mutis por el foro los padres.
Los acomodadores tiesos.
Redoblar de los tambores.
¡Pirimpimpín,
Pirimpimpón!

Ruedan,
saltan,
gritan,
gesticulan
y a veces un poquito lloran.
¡Qué cascada de risas
los Hermanos Pisotón!


ANY CARMONA

viernes, 13 de agosto de 2010

BLANCA, NIEVE Y SUS AMIGOS por Any Carmona - (Para niños desde 6 años)

Capítulo III: Amor gatuno


Nieve y Jerónimo se hicieron muy amigos y a medida que pasaban los días sentían más cariño uno por el otro. Tanto fue así que pronto Blanca advirtió que estaban enamorados.
- Estas enamorada del maestro, ¿verdad, Nieve? – le dijo a su mascota.
- Miaaaaaaaaaaau – contestó la gatita, asintiendo con la cabecita
- ¿Y él qué dice… siente lo mismo por ti?
- Miau, miau - dijo Nieve en son de afirmación.
- Pues bien, yo los ayudaré – contestó la niña muy resuelta.
En la clase siguiente cuando Jerónimo abrió el libro de cuentos que estaban leyendo, encontró una nota llena de corazoncitos que decía “ El sol sale cuando te veo…Nieve” Jerónimo la leyó varias veces y luego se acercó a Nieve y le dio un beso gatuno, quedando así sellado el comienzo de su pareja. Todos rieron y aplaudieron de alegría.


Pasó el verano, terminó el ciclo lectivo de la escuelita de Las Costas y los amigos debían separarse. Pero no querían hacerlo ya que un gran afecto y complicidad había nacido entre todos. ¿Qué harían, cómo lograrían permanecer juntos?
Para decidirlo el maestro convocó a reunión general y se juntaron todos sobre el banco frente a la laguna.
- Ha culminado el verano y ya se avecina el triste otoño en el que los árboles pierden sus hojas y todo se hace amarillo. Luego llegará el frío invierno en el que cada uno de ustedes deberá pensar en la mejor forma de afrontarlo. Guarecerse de la nieve, aprender a andar en el hielo, abrigarse mucho…y todas esas cosas…¿Cómo haremos para seguir juntos queridos amigos?
- Tú y yo nos casaremos y nos iremos a vivir a la casa de Blanca. Cecilia, su mamá, ya dio el consentimiento – contestó Nieve a Jerónimo.
- ¡Pues me parece una gran propuesta! –dijo Jerónimo - ¡Acepto!
- Los patitos ya convencieron a su mamá-pata para que los lleve a vivir a nuestro estanque – agregó Blanca.
- Nosotros volaremos todas las tardes a verlos - dijo el matrimonio de palomas Pablo y Oma.
- ¡Muy bien, todo solucionado entonces! – gritó Blanca muy feliz.
- ¡Bravo! – corearon todos y pusieron patitas, alitas y manitos en una pila de amistad en el centro de la rueda que habían formado, dando por terminado el encuentro. Así, Blanca, Nieve y sus amigos seguirían unidos para siempre…
Pasaron los días y llegó el momento de la boda. Nieve y Jerónimo se casaron en una ceremonia organizada por las palomas debajo del gran lapacho. Estaban todos presentes y cada uno les entregó un regalo. Todas las palomas del palomar les hicieron un gran desfile en el cielo para homenajearlos, los patos de la laguna les cantaron la marcha nupcial y Blanquita les hizo un festín de alimentos balanceados para gatos finos. Don Ramón y su señora Susana acomodaron el lugar esparciendo flores por el piso y guirnaldas de ramas de pino que colgaron entre los árboles. Y Cecilia, la madre de Blanca, coció una alfombra colorada muy larga hasta la salida de la propiedad. Por allí caminaron Nieve y Jerónimo tomados de sus colas y se dirigieron despacito hacia su nueva vida.
Luego la mamá de Blanca los llevó en su coche a vivir en su casa donde ya los esperaban con una cucha hecha en una gran canasta de mimbre muy calentita y acolchadita. Fue el comienzo de grandes aventuras.
Esa noche de Luna de miel, Nieve y Jerónimo salieron a saludar a la luna, su gran amiga. Maullaron y conversaron con ella.
“¿Hola Lunita, estás contenta? Nosotros sí lo estamos porque ahora formaremos una familia. Viviremos en este hogar y tendremos muchos gatitos…¿Estás feliz como lo estamos nosotros, Lunita- lunera?”

Y la luna desde lo alto, les guiñó un ojo.

(Continuará)

jueves, 12 de agosto de 2010

JUAN SALVADOR GAVIOTA por Richard Bach (Para niños y jóvenes desde 10 años)

Capítulo III:

Sólo pensó en el triunfo, ¡La velocidad maxima! ¡Una gaviota a trescientos viente kilómetros por hora! Era un descubrimiento, el momento más grande y singular en la historia de la Bandada, y en ese momento una nueva epoca se abrió para Juan Salvador Gaviota. Voló hasta su solitaria área de practicas, y doblando sus alas para un picado desde tres mil metros, se puso a trabajar en seguida para descubrir la forma de girar.
Se dió cuenta de que al mover una sola pluma del extremo de su ala una fracción de centímetro, causaba una curva suave y extensa a tremenda velocidad. Antes de haberlo aprendido, sin embargo, vio que cuando movia más de una pluma a esa velocidad, giraba como una bala de rifle... y así fue Juan la primera gaviota de este mundo en realizar acrobacias aéreas.
No perdió tiempo ese día en charlar con las otras gaviotas, sino que siguió volando hasta después de la puesta del Sol. Descubrió el rizo, el balance lento, el balance en punta, la barrena invertida, el medio rizo invertido.
Cuando Juan volvió a la Bandada ya en la playa, era totalmente de noche. Estaba mareado y rendido. No obstante, y no sin satisfacción, hizo un rizo para aterrizar y un tonel rápido justo antes de tocar tierra. Cuando sepan, pensó, lo del Descubrimiento, se pondrán locos de alegría. ¡Cuánto mayor sentido tiene ahora la vida! ¡En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los pesqueros, hay una razán para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad. ¡Podremos ser libres! ¡Podremos aprender a volar!
Los años venideros susurraban y resplandecían de promesas.
Las gaviotas se hallaban reunidas en Sesión de Consejo cuando Juan tomó tierra, y parecía que habían estado así reunidas durante algún tiempo. Estaban, efectivamente, esperando.
-¡Juan Salvador Gaviota! ¡Ponte al Centro! -Las palabras de la Gaviota Mayor sonaron con la voz solemne propia de las altas ceremonias. Ponerse en el Centro sólo significaba gran vergüenza o gran honor. Situarse en el Centro por Honor, era la forma en que se señalaba a los jefes más destacados entre las gaviotas. ¡Por supuesto, pensó, la Bandada de la Comida... esta mañana: vieron el Descubrimiento! Pero yo no quiero honores. No tengo ningún deseo de ser líder. Sólo quiero compartir lo que he encontrado, y mostrar esos nuevos horizontes que nos están esperando. Y dio un paso al frente.
-Juan Salvador Gaviota -dijo el Mayor-. ¡Ponte al Centro para tu Vergüenza ante la mirada de tus semejantes!
Sintió como si le hubieran golpeado con un madero. Sus rodillas empezaron a temblar, sus plumas se combaron, y le zumbaron los oídos. ¿Al Centro para deshonrarme? ¡Imposible! ¡El Descubrimiento! ¡No entienden! ¡Están equivocados! ¡Están equivocados!
-... por su irresponsabilidad temeraria -entonó la voz solemne-, al violar la dignidad y la tradición de la Familia de las Gaviotas...
Ser centrado por deshonor significaba que le expulsarían de la sociedad de las gaviotas, desterrado a una vida solitaria en los Lejanos Acantilados.
-... algún día, Juan Salvador Gaviota, aprenderás que la irresponsabilidad se paga. La vida es lo desconocido y lo irreconocible, salvo que hemos nacido para comer y vivir el mayor tiempo posible.
Una gaviota nunca replica al Consejo de la Bandada, pero la voz de Juan se hizo oir:
-¿Irresponsabilidad? ¡Hermanos míos! -gritó-. ¿Quién es más responsable que una gaviota que ha encontrado y que persigue un significado, un fin más alto para la vida? ¡Durante mil años hemos escarbado tras las cabezas de los peces, pero ahora tenemos una razón para vivir; para aprender, para descubrir; para ser libres! Dadme una oportunidad, dejadme que os muestre lo que he encontrado...
La Bandada parecía de piedra.
-Se ha roto la Hermandad -entonaron juntas las gaviotas, y todas de acuerdo cerraron solemnemente sus oídos y le dieron la espalda.

miércoles, 11 de agosto de 2010

AYER SOÑÉ UN CABALLITO por Manuel Cubero Urbano


















Ayer soñé un caballito,
caballito de cartón.
Montado en sueños de niño,
por el mundo me llevó.

Y mi lindo caballito,
tanto, y tanto trotó
que sus pezuñas, dolidas,
en el alma me clavó.

Quise lavarle sus llagas,
pero él se las lamió
por no retrasar el viaje
que a la Luna nos subió.

Vuela, vuela, caballito,
mi caballito trotón,
que allá en el cielo, la Luna
A mi abuelo recogió.

Y sus cuentecitos de hadas,
en los cuernos se colgó
para que yo los encuentre
y guarde en mi corazón.


MANUEL CUBERO URBANO

Mi Jardín


En el fondo de mi casa
hay plantas frutales.
Árboles de higos dulces,
limoneros cuatro estaciones
y ciruelos elegantes.

En el huerto de frutos tengo
techos pletóricos de uvas.
Cascabeles que son racimos,
duraznos tiernos que caen.

Las abejas llegan en vuelo
a libar de los jazmines.
Los colibríes se paran
a saludar a las flores.

Mi jardín me da mermeladas,
jugosos livianos brebajes.
Un mundo de sabores
tengo atrás de mi ventana.

Y ni hablar de los aromas,
de las brisas endulzadas,
de los ramilletes de azahares
y los pinos que mecen aves.

En el fondo de mi casa
los rosales me sonríen.
Abrazo la vida dulce,
fragante y vegetariana.


ANY CARMONA

Pajaritas picaronas























Viven miles de palomas
en la plaza de mi barrio.
Sobre las ramas se esconden
en las noches de verano.

Palomas tornasoladas
de alitas emplumadas.
Torcazas color de arcilla
de piquitos hambrientos.

Ellas bajan a comer
de las manos de los niños,
maíz, pan y sonrisas
acaparan en sus buches.

Pero el guardián de la plaza
no las quiere en su espacio.
Cada día las espanta
con miles de manotazos.

Vuelan, vuelan las palomas
a lo alto de los techos.
Están muy acongojadas
por el maltrato del ogro.

Organizan huelgas de hambre,
una protesta sin vuelos,
unos picotazos en grupo
y muchos gorjeos.

Pasan y pasan los días
sin palomas en el cielo.
Los nenes están muy tristes,
la libertad sin consuelo.

Sin palomas en los parques
no hay alegría ni verso.
Las mamás no saben qué hacer
con sus hijitos tan quietos.

Fue entonces que el guardián
ablandó su corazón,
habilitando la fuente
con chorros de agua al viento.

Una a una las palomas
regresaron a su patio,
refrescaron su plumaje,
a sus amiguitos tocaron.

¡Viva, viva palomitas!
Pajaritas picaronas.
¡Maíz, migas y semillas!
Juegan los niños contentos.


ANY CARMONA

lunes, 9 de agosto de 2010

EL PRINCIPITO por Antoine de Saint Exuperí - Capítulos VI y VII (Para niños y jóvenes desde 10 años)

Capítulo VI:

Ah, principito, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día, cuando me dijiste:


-Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol…
-Tendremos que esperar…
-¿Esperar qué?
-Que el sol se ponga.
Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:
-Siempre me creo que estoy en mi tierra.
En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas…
-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
Y un poco más tarde añadiste:
-¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.
-El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad?
Pero el principito no respondió.

Capítulo VII:

Al quinto día y también en relación con el cordero, me fue revelado este otro secreto de la vida del principito. Me preguntó bruscamente y sin preámbulo, como resultado de un problema largamente meditado en silencio:

-Si un cordero se come los arbustos, se comerá también las flores ¿no?
-Un cordero se come todo lo que encuentra.
-¿Y también las flores que tienen espinas?
-Sí; también las flores que tienen espinas.
-Entonces, ¿para qué le sirven las espinas?
Confieso que no lo sabía. Estaba yo muy ocupado tratando de destornillar un perno demasiado apretado del motor; la avería comenzaba a parecerme cosa grave y la circunstancia de que se estuviera agotando mi provisión de agua, me hacía temer lo peor.
-¿Para qué sirven las espinas?
El principito no permitía nunca que se dejara sin respuesta una pregunta formulada por él. Irritado por la resistencia que me oponía el perno, le respondí lo primero que se me ocurrió:
-Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores.
-¡Oh!
Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor:
-¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas…
No le respondí nada; en aquel momento me estaba diciendo a mí mismo: "Si este perno me resiste un poco más, lo haré saltar de un martillazo". El principito me interrumpió de nuevo mis pensamientos:
-¿Tú crees que las flores…?
-¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier cosa para que te calles. Tengo que ocuparme de cosas serias.
Me miró estupefacto.
-¡De cosas serias!
Me miraba con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le parecía muy feo.
-¡Hablas como las personas mayores!
Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió:
-¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…!
Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados.
-Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!
-¿Un qué?
-Un hongo.
El principito estaba pálido de cólera.
-Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?

El principito enrojeció y después continuó:
-Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante!
No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos.
La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: "la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…". No sabía qué decirle, cómo consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!

(Continuará)

EL MATRIMONIO DE PIRIMBOMBO, EL HONGO* por Julia del Prado

Es domingo en Cumpanamá
la capirona anuncia
en fiesta de pueblo,
el matrimonio de Pirombombo,
el hongo.

Pirombombo, el hongo
està en hechizo de amor,
por beber
las aguas que en catarata sonora,
manan en Cumpanamá.

Duendes y diablillos,
vestidos en azules y rojos,
aplauden en contento,
tras los patiquinales
la unión de Pirombombo, el hongo,
con Juanita Ishpingo,

Las calles en adorno de fiesta,
con orquídeas y victorias regias;
yarinas decoradas, a punto
de casamiento.

Baile de pandilla,
quena, pito,
tambor y bombo
en domingo de carnaval.

Los padrinos son Corombombo
y Mirombomba, los amigos de
Pirombombo.

Los casa don Juan Botijón,
cacique y alcalde del pueblo,
quien ha puesto el masato
para la celebración.

Es Juan Botijón,
el padre de Juanita Ishpingo,
y está corajudo
por tener de nuevo hijo,
a Pirombombo, el hongo.

¡Qué parranda! ...
en quena, pito,
tambor y bombo,
en el matrimonio
de Pirombombo.


JULIA DEL PRADO

* Del libro Cabriolas.
Lima: Editorial San Marcos, 2004, p.87-89)

EL BUFEO COLORADO* por Julia del Prado
















El bufeo colorado
en las aguas del río
fija su residencia,
sólo enseña su amable figura
cuando el sol señala el nuevo día,
y se encuentra a punto de fuego.

Con una leyenda propia,
cuando divisa balsas
plenas de niños,
el bufeo colorado
se les acerca,
para hacerles cosquillas
en divertido juego,
cuando su hocico los roza.

Y luego con alegría sana,
danza en tierna dulzura
en las muyunas del río.

Cuando ríe, abre tanto
tanto su boca
que lanza copos de espuma,
a los niños que andan en balsa,
en las corrientes del río.

Y juega, cómo juega
en retozo,
para alegría de los niños,
cuando sigue a la balsa,
en ondulante carrera.

¡Deleita en malabares!,
con animado gozo;
oculta su cabeza,
brota la cola
otra vez, la cabeza ...

Cuando la luna redonda
se asoma, le avisa que
debe dar las buenas noches
a los niños en balsa,
y se acuesta con sueños,
en el lecho del río.

Los niños esperan, en balsas
en dulces anhelos,
que el bufeo colorado
con el sol amanezca,
para que vuelva a ellos,
con su cadencia, en recreo.


JULIA DEL PRADO


* Del libro Cabriolas.
Lima: Editorial San Marcos, 2004, p. 14-15

jueves, 5 de agosto de 2010

BLANCA, NIEVE Y SUS AMIGOS por Any Carmona - (Desde 6 años)

Capítulo II: La escuela de verano.

A la mañana siguiente Nieve se despertó muy temprano y vio a su amita Blanca durmiendo en un sofá bajo la ventana. Siguió recorriendo la habitación con la mirada y pudo observar a Jerónimo que estaba leyendo un libro cerca de la estufa. Indudablemente el gato de la casa del apicultor era un intelectual. Gustaba de abrir libros y periódicos y leerlos a escondidas. No era muy común que un gato supiera leer pero este era muy especial. Tímido y lector. Nieve estaba pensando muy seriamente en quedarse a vivir en ese lugar ya que todo parecía muy extraño y emocionante, nunca había visto algo parecido. Se acercó a Jerónimo e inició una charla.


- ¡Miaaaaaaau, miaaaaaaau! - dijo la gatita.
- Miau – dijo el gato, a secas.
- ¿Cómo te llamas, amigo?
- Jerónimo ¿y tú?
- Nieve. ¿Así que te gusta leer?
- Claro, me encanta. Es la mejor forma de viajar a mundos imaginarios y de ser cada vez más sabio – contestó Jerónimo sentándose cerca de Nieve - ¿Tú no lees?
- No se leer…¿me enseñarías?
- Claro, justo estoy por comenzar a enseñar a Moti y Piqui, los dos patitos que viven a la vera de la laguna. Son amarillos y muy curiosos. Puedes venir a la clase en mi escuelita de verano.
- ¡Qué lindo, leer, leer, lo que siempre he deseado!...Iré a tu escuela …¿Dónde es?- preguntó Nieve muy interesada.
- En el banco del jardín que tiene vista al agua. Allí nos reuniremos todas las tardes a la hora del té. Te espero a partir de Octubre.
- Muy bien, ahí estaré – contestó la gata.
Más tarde Nieve relató a su amita la conversación con Jerónimo. Que era un maestro de campo y le enseñaría a leer y que ella se comprometió a asistir todos los días a sus clases.
- Vendremos a casa de Don Ramón para que puedas aprender. Si ese es tu sueño, te acompañaré para que puedas hacerlo realidad - prometió Blanca.
Y desde ese momento Nieve se propuso aprender cada día algo más y ser cada día más estudiosa. Sabía que era el único modo de ser alguien en la vida, de abrir su cabecita y prepararse para el futuro.
Pasó el invierno y llegó el primer día de clases.
La escuelita daba comienzo un día de primavera, estación de mayor esplendor y felicidad de la naturaleza. Estaba ubicada en un lugar inmejorable con vista panorámica, justo frente a la laguna. Contaba con cinco alumnitos del reino animal: Nieve, nuestra gata, Piqui y Moti, los dos patitos y  Pablo y Oma, nuestra conocida pareja de torcazas que se les había unido. Y una del género humano: Blanca que por supuesto, no quiso quedarse afuera. El maestro estaba más que satisfecho porque sentía que al fin sus amigos podrían aprender lo que él tenía para enseñarles: cuentos, poemas, noticias del diario, saberes de las ciencias naturales y sobre todo cómo convivir mejor en este planeta. Sin contaminar y respetando lo que los rodeaba. Todo un milagro para esos tiempos.
- ¡Atención alumnos! Hoy tenemos dos nuevas compañeras, les presento a Nieve y a Blanca – dijo Jerónimo a sus alumnos.
- ¡Bienvenidas! – contestaron muy contentos ellos recibiendo a la gatita y a su ama, quienes se ubicaron bajo un gran lapacho cercano que se encontraba pleno de flores color rosado púrpura.
Jerónimo subió al árbol y cortó una flor para cada uno de sus alumnos a los que agasajó con ese presente. Y así dio comienzo la mejor experiencia educativa de Blanca y Nieve. De búsqueda y compromiso, de curiosidad y amistad… Todos los días asistieron muy contentas a clase durante esa primavera y ese verano, a tal punto que cuando Nieve no estaba en la escuela no hacía más que pensar en ella. Contaba los minutos para que llegara el momento de irse en compañía de Blanca. Las dos con sus libros, papeles de diarios, revistas y crayones que acomodaban en la gran canasta, rumbo a la escuelita de verano del gato Jerónimo. Allí estudiaban, jugaban en los recreos, aprendían a compartir y leían a más no poder.


¡Qué bellos momentos pasaron Nieve y Blanca ese año! Momentos que nunca olvidarían.

(Continuará)

AL SON DE LOS ARROYUELOS por Lope de Vega



















Al son de los arroyuelos
cantan las aves de flor en flor,
que no hay más gloria que amor
ni mayor pena que celos.

Por estas selvas amenas
al son de arroyos sonoros
cantan las aves a coros
de celos y amor las penas.

Suenan del agua las venas,
instrumento natural,
y como el dulce cristal
va desatando los yelos,
al son de los arroyuelos
cantan las aves de flor en flor,
que no hay más gloria que amor
ni mayor pena que celos.

De amor las glorias celebran
los narcisos y claveles;
las violetas y penseles
de celos no se requiebran.

Unas en otras se quiebran
las ondas por las orillas,
y como las arenillas
ven por cristalinos velos,
al son de los arroyuelos
cantan las aves de flor en flor,
que no hay más gloria que amor
ni mayor pena que celos.

Arroyos murmuradores
de la fe de amor perjura,
por hilos de plata pura
ensartan perlas en flores.

Todo es celos, todo amores;
y mientras que lloro yo
las penas que Amor me dio
con sus celosos desvelos,
al son de los arroyuelos
cantan las aves de flor en flor,
que no hay más gloria que amor
ni mayor pena que celos.


LOPE DE VEGA

LOS RATONES por Lope de Vega

















Juntáronse los ratones
para librarse del gato;
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.


Salió un ratón barbicano,
colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:
- ¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?

 
LOPE DE VEGA