El libro es nuestro amigo

El libro es nuestro amigo
El libro es nuestro amigo. Cuando un niño o un adolescente leen tiene la posibilidad de asomarse a mundos inusitados

El valor de las letras

Cuando un niño o un adolescente lee, vuela con su imaginación al infinito. Las letras nos hacen cabalgar sobre mundos extraordinarios, ser princesas entre castillos de ensueño, héroes salvadores de la humanidad o alegres saltamontes rodeados de mariposas y ráfagas de brisas primaverales. Podemos elevarnos con la quilla de algún barco pirata, saltar de una nave hacia el espacio sideral o cruzar la puerta de la realidad hacia sitios fantásticos. La literatura es magia para nuestra primera infancia tanto como aventura en la adolescencia o pasión en la juventud. Los cuentos, poemas y relatos son las alas del alma.

¡Como Alicia en el País de las Maravillas...pasemos juntos del otro lado!


Any Carmona

miércoles, 25 de agosto de 2010

BLANCA, NIEVE Y SUS AMIGOS por Any Carmona - (Para niños desde 6 años)

Capítulo IV: Travesuras

Luego de dos meses nacieron dos gatitas de angora blancas como su mamá, llamadas Pelusa y Mota y un gatito llamado Leoni, de pelaje atigrado y muy suave como su papá. Los tres hermanitos se convirtieron en los mimados de los demás animales de la casa: Joel, un perro simpático, lanudo de orejas caídas, Cocota, la gallina ponedora del gallinero con sus pollitos y Tictac, el gallo despertador.

A ellos se sumaron los amigos de la barra de siempre, formando un buen grupo.
Pronto comenzó el invierno y todo volvió a la normalidad. Ya no se reunían en la escuelita de verano y la atención se centró en los tres pequeños que había que cuidar. De los hermanitos, Pelusa era la más traviesa y siempre salía sin permiso a explorar territorios cercanos, a pesar de que su mamá se lo había prohibido.
- Tengan mucho cuidado mis pompones, no se alejen de la casa que afuera hay peligro. Sobre todo tú, Pelusa, pórtate bien y no te vayas más allá de la línea de naranjos ¿Me han entendido?
- Siiiiiii, Mami, descuida, no nos alejaremos – contestaron los tres hermanitos en coro.
Pero Pelusa no pudo con su genio y una tarde en que estaba jugando vio a los pollitos de Cocota que comían miguitas cerca del gallinero. Se acercó y les comenzó a hablar.

- Hola pequeñitos ¿Cómo se llaman?
- Pi, Pi, Pi – dijeron los chiquitines.
- ¿Todos se llaman igual? – dijo Pelusa
- Piiiiiiiiiii – comenzó a llorar uno.
- ¡Ah, ya entiendo, es que todavía no saben hablar – dedujo la gatita – Bueno, adiós, me voy a explorar que quiero ver qué hay mucho más allá.
Y Pelusa siguió caminando por el sendero que bajaba hacia la salida de la casa. Caminó y caminó hasta que llegó a la acequia. Pasó por el puente y vio a unos ratoncitos que tenían su madriguera justo debajo del mismo. Se acercó y le preguntó a uno de ellos:

- ¿Falta mucho para llegar al arroyo?
- No… ¿Es que acaso no oyes el ruido del agua?
- Sí, claro, siempre oigo ese ruido desde mi casa y lo único que deseo es ver el agua.
- Sigue hacia el norte y verás un hermoso riacho bordeado de rocas – le indicó el ratoncito señalando hacia el arroyo. Pelusa continuó su viaje muy entuciasmada.


Mientras tanto, en la casa, cuando pasaron un par de horas, Nieve pudo advertir que faltaba una de sus hijitas. Comenzó a maullar muy asustada, con la esperanza de que la escuchara. Pero nada. Pronto se le unieron Blanca, Jerónimo y los demás.
- ¿Qué pasa, qué sucede? – preguntó su esposo, el gato.
- ¡Pelusita ha desaparecido! Por favor ayúdenme a encontrarla – dijo la gata desesperada.
- No te preocupes, Nieve – afirmó el gato muy decidido – Yo organizaré una búsqueda con mis amigos los demás gatos de la zona. Ya verás que la encontraremos.
Pero la gatita traviesa estaba merodeando por el arroyo, en una zona de piedras que había cerca de la cascada. Saltaba, olía florcitas y miraba caer el sol atrás del horizonte. Y de tanto estar distraída con bellos objetos desconocidos, pisó mal en uno de sus saltos y cayó en un pozo entre las piedras.
- ¡Uy, mi cabecita! – gritó Pelusa - ¡Auxilio que caí en un hueco!... ¿y ahora cómo salgo de aquí? - Pero nadie la oyó. El ruido del arroyo hizo imposible que su tenue aullido se hiciera sentir a los oídos de su papá y los demás.


Oscureció en el campo y Pelusa en el pozo. Comenzaba a sentir miedo, frío y hambre…Aunque tenía ganas de llorar no lo hizo, se quedó quietita pensando: “Se que mi papi pronto me encontrará” …Y se quedó dormida.

(Continuará)

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