El libro es nuestro amigo

El libro es nuestro amigo
El libro es nuestro amigo. Cuando un niño o un adolescente leen tiene la posibilidad de asomarse a mundos inusitados

El valor de las letras

Cuando un niño o un adolescente lee, vuela con su imaginación al infinito. Las letras nos hacen cabalgar sobre mundos extraordinarios, ser princesas entre castillos de ensueño, héroes salvadores de la humanidad o alegres saltamontes rodeados de mariposas y ráfagas de brisas primaverales. Podemos elevarnos con la quilla de algún barco pirata, saltar de una nave hacia el espacio sideral o cruzar la puerta de la realidad hacia sitios fantásticos. La literatura es magia para nuestra primera infancia tanto como aventura en la adolescencia o pasión en la juventud. Los cuentos, poemas y relatos son las alas del alma.

¡Como Alicia en el País de las Maravillas...pasemos juntos del otro lado!


Any Carmona

miércoles, 5 de mayo de 2010

POTRI Y TOFI por Any Carmona - Cap I: Encuentro en la montaña (4- 8 años)

Había una vez un pequeño caballito bayo o sea color tostado, que vivía con su mamá en el monte muy cerca del camino que bajaba a la quebrada. Era un lugar muy bello lleno de arroyos, rocas, prados rebosantes de flores silvestres. Muy cerca había varios habitantes que tenían sus cabañas en las laderas de las montañas. El potrillo se llamaba Potri y su mamá Melena y ambos hacían una vida salvaje a pesar de que ella había nacido en el seno de una familia.
Su mamá le había dicho muchísimas veces que no se alejara de ella. Ese día en el prado se le antojó seguir a esa mariposa amarilla con pintas negras, tan grande que parecía un pájaro. Por eso la perdió de vista y no la vio caer.
Potri pensaba que ella estaría siempre para guiarlo, dependía de sus cuidados y mucho le costaba arrancar todas las mañanas camino al arroyo cuando lo empujaba obligándolo hacia el baño matutino y más aún hacia el monte escarpado donde los esperaba el desayuno de hierbas tiernas y frescas, de las cuales eran los tréboles las que más le gustaban. Potri era muy perezoso a esas horas tempranas. Su mamá lo peinó lamiéndole muy bien el flequillo y le dijo que ese día sería muy especial porque conocería al niño que vivía en la cabaña de la quebrada, muy cerca de las rocas que bordeaban la ladera.
-El te cuidará muy bien si a mí me pasa algo, recuérdalo, hijo, ese niño es el nieto de mi antiguo dueño, Don Tofi quien ya se ha ido. Si algún día no estoy contigo, vete cerca del niño y todo estará bien.
Parecía que ella presentía algo. Porque cuando Potri apareció sobre la lomada vio la piel brillante de su madre refulgir bajo el sol del atardecer. Estaba acostada y un grueso hilo de sangre corría por su tobillo izquierdo. Los grilletes filosos de una trampa le tenían atrapada la pata.
Tofi, el nene montañés, llegó corriendo con unos vendajes y unas medicinas. El potrillo vio su dulzura mientras llevaba a la yegua cojeando hacia el bajo. Él supo que había llegado la hora de comenzar una nueva vida. Se quedó pensando qué hacer hasta muy entrada la noche. De pronto, mientras se encontraba hipnotizado observando salir el humo de la pequeña casa, lo vio parado junto a él.
- Ven potrillo, vamos con tu mamá. Ya la vio el veterinario y está descansando en el corral - Se montó en su lomo y lo guió a pasos ligeros hacia la casita.






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